miércoles, 26 de febrero de 2025
martes, 11 de febrero de 2025
S.O.S ¡Se acaban los cuentos! (Escenas 1 a 3)
(En el espacio escénico se observarán tres paneles o bastidores desarmados que los actores, como personajes misteriosos, se encargarán de colocar en su sitio, y por medio de los cuales entrarán y saldrán todos los personajes con carteles que los identifiquen: Mundo Real, Reino de Fantasía y Reino de la Cibernética; estos irán rotando cada vez que así lo requiera la escena a interpretar. Con el sonido de una música mística, saldrá del panel del centro una marioneta, manejada por dos actores y vestida como un trompetero. El trompetero llegará a unas escalinatas colocadas en el medio del escenario, se sentará y comenzará la música que posibilitará la entrada del Gato con Botas, Alicia, Ricitos de Oro y Pulgarcito, quienes darán inicio a la acción.)
Escena 1
GATO: En el Reino de Fantasía, se acaba de declarar.
(Todos brincan y gritan eufóricos.)
TODOS: ¡Bien!
GATO: Eh, oigan. Todavía no he terminado.
ALICIA: Está bien, señor gatuno. Nos callamos.
GATO: Muy bien. Recuerden que el que comienza el espectáculo soy yo.
(Todos se ríen del Gato con Botas.)
GATO: ¿Y ahora, qué pasa?
TODOS: Nada. Puede continuar.
GATO: ¿Será que puedo hacerlo? ¿Me dejan?
TODOS: (Aburridos) Sí.
GATO: En el Reino de Fantasía, se acaba de declarar, por orden de la gran reina, la tan esperada...
RICITOS: Ay, ya. Termina de una buena vez. Me desesperas.
GATO: No entiendo cómo te puedo desesperar, si todavía no me has dejado decir la introducción de la obra.
RICITOS: Es que no hace falta que la digas para que todos estemos desesperados.
PULGARCITO: Ay, pero yo no estoy desesperado.
RICITOS: ¡Calla, calla! Que es para que el gato se lo crea.
PULGARCITO: Ah... entiendo, entiendo.
ALICIA: Yo creo que estamos perdiendo el tiempo aquí detrás.
RICITOS: Pienso lo mismo que Alicia.
GATO: Pues si me dejaran trabajar, todo sería distinto y podríamos empezar.
PULGARCITO: Pero yo no escucho a nadie leyendo mi cuento.
RICITOS: Niño, no hace falta que lean tu cuento para que salgas a jugar.
PULGARCITO: ¿No?
ALICIA: Claro que no.
PULGARCITO: Ah, yo pensaba. Bueno, si es así... No perdamos tiempo. Vamos a jugar.
(Intenta ir hacia el público, pero todos los demás lo cogen inmediatamente.)
TODOS: ¡No; todavía no!
PULGARCITO: ¿Y entonces qué?
ALICIA: Es que no puedes salir hasta que el Gato con Botas dé la orden de jugar.
PULGARCITO: Ala. ¿Y por qué?
RICITOS: Porque así lo dispuso Fantasía.
PULGARCITO: ¿Y quién es Fantasía?
TODOS: ¿No sabes quién es Fantasía?
ALICIA: Niño, qué vergüenza contigo.
RICITOS: Se los dije. Tiene el cerebro muy pequeño.
GATO: ¡ALICIA! ¡RICITOS!
PULGARCITO: Qué tontos. Claro que lo sé.
TODOS: Ahhh.
GATO: Bien. Como el público espera impaciente, declaro libre, por orden de la reina Fantasía, la hora del juego. ¡A jugar!
Escena 2
(Suena la canción del cuento, y todos los personajes, incluyendo a Caperucita, que saldrá inesperadamente, bailarán y cantarán.)
Canción del cuento.
I
Somos personajes
De los cuentos clásicos
Que venimos a contar
Todas nuestras historias.
Solo tienes que cerrar
Primero tus ojitos
Y soñando crearás
Un cuento solo para ti.
II
Piensa que en
Todo en ti será feliz
Y verás lo fácil que es soñar.
Crea un mundo
De magia dentro de ti,
Sin problemas,
Y así cantarás y soñarás,
Y cantarás, y reirás,
Y bailarás
Y soñarás, soñarás y soñarás.
(Baile)
III
Yo seré Alicia y buscaré a mi conejo.
Yo seré Ricitos y solo quiero mis ositos.
Yo, el Gato con Botas,
Y el más pequeño, Pulgarcito, yo.
Solo tienes que agarrar
Un libro de cuentos ya
Y leer, y leer, y leer, y leer:
Lee, lee, lee, lee.
(Baile)
IV
No te preocupes, los cuentos empiezan ya,
Y Fantasía pronto a todos creará.
Tú solo tienes que leer
Y ellos a ti llegarán.
Todos los cuentos triunfarán.
Lee pronto,
Lee ya.
Escena 3
PULGARCITO: ¡Qué bien! ¡Qué bien! Ya estamos afuera, ya estamos afuera. Ahora a jugar.
RICITOS: ¡Shhttt! ¡Calla, niño!
PULGARCITO: ¿Qué pasa?
RICITOS: No debes hacer tanto ruido.
PULGARCITO: ¿Y por qué?
ALICIA: Porque acabamos de salir de la barrera mágica, y ahora nos encontramos más cerca de los límites entre la realidad y el Reino de Fantasía.
PULGARCITO: ¿Y qué quiere decir eso?
GATO: Miau. La barrera mágica.
RICITOS: Que podemos ser llamados en cualquier momento por un niño que esté ahora mismo leyendo el cuento de alguno de nosotros.
GATO: ¡A defender el Reino de Fantasía!
(Suena música de súper héroe; el Gato saca su espada y corre atolondrado.)
ALICIA: ¿Y qué le pasa al señor gatón?
RICITOS: Yo siempre he dicho que está loco de remate.
ALICIA: ¡Ricitos!
RICITOS: Vale, vale.
PULGARCITO: ¿Y si hacemos ruido no nos escucharán, ¿no es cierto?
RICITOS: Claro, tontín.
ALICIA: ¡Ricitos!
RICITOS: Ay, pero qué conflicto. Déjenme ser rizos.
ALICIA: (A Pulgarcito) Y tampoco nosotros podremos escucharles a ellos. Así que es mejor que dejes de preguntar y estés muy atento por si escuchas tu nombre.
GATO: (Entrando con un caballo de juguete en mano) ¡A la carga gatuna, miau, miau!
PULGARCITO: ¿Y debo estar tan atento como el Gato con Botas?
(Todos miran al Gato con Botas y ríen.)
GATO: Sí, sí. Está bien. Burlaros todo lo que queráis. Pero os aseguro que no hay mejor forma de buscar que la mía. Tengo garantía del equipo de investigadores del Real Madrid. Además, puedo olfatear sin mucha dificultad cuándo van a empezar a leer mi cuento. Y vosotros no poseéis esa propiedad. Ju...
ALICIA: Mírenlo, pero qué pretencioso.
RICITOS: Creo que eres un gato demasiado caprichoso que se cree héroe por haber vencido al gigante de un castillo.
GATO: Pues a mí me parece que tú eres una pecosa golosa que se come todo lo que encuentra a su paso.
RICITOS: (Al Gato.) A mí nadie me llama pecosa golosa.
GATO: (A Ricitos.) Y a mí nadie me dice gato caprichoso.
(Alicia y Pulgarcito intentan detenerlos, pero Ricitos y el Gato no hacen caso y comienzan a pelear.)
RICITOS: Te afeitaré los bigotes.
GATO: Y yo te alisaré todos los rizos.
ALICIA: ¡Ricitos de Oro! ¡Gato con Botas! ¡Ya dejen de pelear!
LOS DOS: ¡Cállate! ¡Y déjanos pelear tranquilos!
ALICIA: Vale, vale. No he dicho nada.
RICITOS: Gato mentiroso.
GATO: Niña envidiosa.
RICITOS: Come ratones.
ALICIA: Oigan...
RICITOS: ¡Gato caprichoso!
GATO: ¡Pecosa golosa!
RICITOS: ¡Perezoso!
GATO: ¡Envidiosa!
RICITOS: ¡Ay!
GATO: ¡Miau!
Escrito por: Marco Román.
© 1998 S.O.S ¡Se acaban los cuentos!
viernes, 17 de enero de 2025
CAM. 556: MADRID (VII)
Capítulo 7
Stephan llegó rápidamente al aeropuerto. Llevaba una mochila con algunas pertenencias y no traía nada que no fuera necesario: Un par de prendas para cambiarse, dinero y su libreta.
Mientras esperaba su vuelo se acercó a una librería donde le había llamado la atención un libro titulado "Mitos y leyendas de Madrid". El destino era caprichoso y su llegada era necesaria... O eso quería creer él.
"Nada es casualidad, y desde que me encontré aquella página iba sumándose una tras otra. Si hubiese actuado como hasta entonces, nada hubiera sucedido y no me lo habría perdonado nunca".
Stephan se sentó a leer el libro mientras prestaba atención a la pantalla de aviso de llegadas y salidas, donde anunciaban que su vuelo se había retrasado. Stephan entró en cólera y no entendía la situación, así que corrió al servicio de información para preguntar.
-Perdona... Es que pone que el próximo vuelo hacia Madrid se ha retrasado y tengo prisa... ¿Sabes por qué ha sido?-
-Lo siento, no puedo decirle mucho. Sólo sabemos que hay complicaciones en ese destino.-
-¿Y por eso retrasan el mío? En fin...- Su enfado iba en aumento, pero no le impidió darle las gracias al personal del aeropuerto antes de marcharse, sintiéndose profundamente extrañado de todo aquello.
"Era raro. Quería salir de allí cuanto antes y llegar a Madrid. Me daba igual que pasase entre medias, incluso si el avión acabara estrellándose".
Al volver a su asiento y reanudar la lectura del libro, Stephan escuchó una voz que parecía dirigirse a él.
-Deberías tener más cuidado.-
Stephan, sorprendido, bajó su libro y empezó a buscar la procedencia de aquella misteriosa voz. Al girarse vio a Thoman, sentado y con las piernas cruzadas.
"Tenía sesenta años, aproximadamente, aunque no los aparentaba y tampoco los debía tener. Su pelo era blanco, igual que la barba. Ambos muy cuidados. Llevaba un traje marrón pálido. No me gustaba mucho como vestía porque era un señor mayor que, de no ser por el traje y su barba tan pronunciada alguien diría que tenía treinta y pocos. Debido a eso, irradiaba un aire de superioridad y de respeto que a poca gente le he visto. Supongo que era un truco".
-Ya lo sé. No sé qué me pasa...- Stephan agachó la cabeza en gesto de vergüenza e hizo una especie de reverencia accidental.
-Se nota que lo estás pasando mal...- Stephan le miraba de reojo mientras erguía su cabeza de nuevo.
-¿Sabes eso que dicen de que el tiempo todo lo cura? Pues dejarse llevar solamente no vale, hay que poner algo de nuestra parte.- El anciano caminó hasta sentarse junto a Stephan, apoyando su mano en el hombro del chico.-En caso contrario, la marea te llevará y no sabrás dónde irás a parar.-
"No pronuncié palabra, pero mi cara tuvo que ser un poema. Creo que estrujé el libro de tanto apretarlo. Thoman se quedó mirándolo un instante".
-Vas a Madrid, ¿no?-
-¿Eh? Sí, sí...-Stephan no sabía qué decir ni dónde meterse.
-Si no es indiscreción... ¿Por qué Madrid?-
"Me miraba fijamente como si quisiera que le devolviera la mirada para aguantarle un pulso. Toda esa situación me sacaba de mis casillas. Era muy surrealista".
-Motivos familiares.- Stephan trató inútilmente de esbozar la mentira, pero Thoman la pilló ipso facto.
-¡Oh! Vaya... Espero que no sea nada grave...-
"Desconozco si el anciano sabía algo más que yo mismo, pero tenía un aire tan extraño que no me dejaba pensar en condiciones".
-¿Y usted?- Le preguntó un veloz Stephan para cambiar el rumbo de la conversación.
-¡Llámame Thoman, muchacho!-
-Stephan... Me llamo Stephan.-
-Mucho gusto, Stephan.-
"Thoman se quedó en silencio un rato que se hizo eterno. Hasta que un gesto de mi mirada bastó para que contestase a mi pregunta".
-¡Sí, claro! Perdona, jeje... Yo voy a Madrid también.-
-¿Vuelve a casa o... ?-
-No, no... Para nada. Voy a reencontrarme con un viejo amigo. Aunque a decir verdad, hace muy poco que me encontré con él, pero todavía tenemos que ponernos al día. A mi edad nunca se sabe y está el tiempo muy loco.-
-Hombre, no digas esas cosas que luego se cumplen.-
-Y aunque no las digas, hijo... -
-Supongo que sí. Al final la realidad supera a la ficción.-
La charla se disipó en un extraño silencio que culminó con Stephan volviendo al libro. El interés de Thoman era espontáneo e intermitente y esperaba cualquier indicio para retomar el hilo de su ansiosa conversación.
-¿Sabes? Hay una historia de las que seguro salen en ese libro justo en Puerta del Sol, ¿sabes dónde está?-
-Sí, aunque nunca he estado en Madrid, pero sí que he visto algo.-
-El edificio principal, La Casa de Correos, que en su día no fue muy aclamada que digamos, pero bueno... El caso es que la leyenda dice que mientras se construía se les apareció el mismísimo Satanás a los obreros.-
"Me dije que esa historia es como las que cuentan las personas mayores. Leyendas que parecían salir de la nada pero que conseguían despertar el interés de uno. De esas en las que deseas saber más. El caso es que resultó tener bastante sentido lo que decía. Como si fuera una advertencia silenciosa, como si me conociera de algo y supiera cuáles iban a ser mis próximos pasos".
-Satanás les dijo que aquel sitio estaba maldito y que estaban construyendo en un mal lugar. La gente empezó a murmurar con miedo, ya sabes, y las cosas fuera de contexto eran como flechas envenenadas en bocas ajenas a esa construcción. Así que decidieron bendecir el sitio. Pero como siempre pasa, las palabras corren y cada cual cree en su propia realidad.-
-No creo mucho en esas cosas.- Dijo un Stephan curioso.
-Ya, bueno... Lo creas o no es interesante saber estas historias.- Thoman arrancó de las manos el libro a Stephan y comenzó a murmurar.-Convivimos diariamente con mitos y leyendas que años atrás se creían sobrenaturales. A pesar de todo, el ser humano sigue creyendo falsamente que tiene el control y saber absolutos.-
"Saber ciertas cosas cambian la perspectiva y significado de las palabras. No quiero pensar que Thoman hablaba con segundas, pero mi mente en esos casos no sabe reaccionar, así que pensar más de la cuenta en ello puede acabar siendo peor".
De repente, una voz aulló por la megafonía del aeropuerto.
-Sentimos comunicarles que el próximo vuelo con destino Madrid, será el último hasta nuevo aviso por causas meteorológicas. Lamentamos las molestias que esto les pueda ocasionar.-
Stephan comenzó a sentirse más intranquilo de lo que ya estaba.
-¿Te preocupa algo, muchacho?- Preguntó un atento Thoman.
-No... Es sólo que me gustaría llegar cuanto antes...-
-Bueno... Ya has oído que no habrá buen temporal cuando lleguemos.-
-No me preocupa eso, en realidad.-
-¡Oh! Mira, parece que ya podemos embarcar.-
"No sé qué estaba pensando. Creí que le iba a contar lo que estaba sucediendo pero fue como si el destino me advirtiera que no lo hiciese".

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.
© 2024 Cam. 556: Madrid.
jueves, 2 de enero de 2025
El árbol
Tu pelo frondoso como la copa de un árbol.
Tus ojos verdes como el césped, que se vuelven
ámbar cuando el sol se refleja en ellos. Eres fuerte
como el tronco de un árbol y difícilmente pueden
derribarte. Eres amigable, todos quieren de tu
cobijo y de tu sombra.
Pero eres tan buena
que dejas que te talen,
dañándote, aún sabiendo
que ya no volverás a crecer
de la misma forma.
Escrito por: Lucía S.T.
viernes, 20 de diciembre de 2024
CAM. 556: MADRID (VI)
Capítulo 6
Aquella noche, Stephan soñó con la casa que salvó del fuego. Todo estaba en ruinas. Pareciera que habían pasado muchos años desde entonces. La casa estaba iluminada y grandes sombras dominaban el lugar, hondeando como lo hacen las llamas, pero no había rastro de fuego ni de humo por ninguna parte. Un encendedor zippo marcaba el tic tac de los segundos, que poco a poco fue acelerando. Unas risas acompañaban los pulsos como una melodía, los cuales se iban disipando a medida que las risas dejaban paso a una sola voz: La de una niña.
Un sonido entrecortado entre carcajada y llanto mantenía atento a Stephan, que no podía más que observar las ruinas del lugar. Fue entonces, cuando aquel tic tac dejó de sonar y el zippo cayó al suelo. El sueño se convirtió en pura luz y, al despertar, Stephan no entendía nada de lo que estaba pasando. "Recuerdo lo que pasó el día anterior y lo del sueño, pero creo que no entendí nada, por lo menos en ese momento".
El día comenzaba fuerte y aún quedaban cámaras que revisar. En su libreta se mantenían apuntadas las anotaciones del día anterior, en las que se incluían las fechas y los fallos de imagen de cada cámara registrada. Asignó un número concreto a cada una, que representaba el tiempo que se mantenían apagadas y, una vez localizadas en un mapa, continuaba el análisis. En ellas seguían apareciendo horrores dignos de una novela de terror o de suspense.
En ese punto se podía decir que nada aseguraba que todo aquello estuviera sucediendo. Las cosas no tenían sentido. Stephan no quería demonizar la situación con banalidades, no deseaba enloquecer, pero la situación lo superaba. Cuando le miré a los ojos pude contemplar miedo e inseguridad, no por lo que me contaba que había visto, sino porque le tomase por un loco.
Stephan continuó su inspección. Llegó a una calle del centro de Madrid muy antigua, estrecha, sin apenas iluminación y sin vestigios de vida. La mayoría de los sitios de las cámaras comenzaban así, por lo que ya le pareció normal. Hasta que comenzó a haber actividad de nuevo.
Una familia caminaba: Un padre, una madre y una niña pequeña. Era época invernal, así que aparecieron bastante abrigados y con un rostro de felicidad encajado en el semblante tras regresar de las compras navideñas. Stephan me recalcó que parecían muy felices y que ese bienestar se desvanecería tarde o temprano, como había sucedido en grabaciones anteriores.
"No sé si era envidia o empatía, pero disfrutaba viéndoles y a la vez quería que les pasase algo malo que les borrara esas sonrisas".
Por supuesto, el presagio ocurrió. Al poco rato, apareció una furgoneta negra que parecía blindada. No llevaba matrícula. Habían pasado un par de coches antes, pero en cambio éste se paró justo enfrente de la cámara. De ella salieron tres individuos encapuchados que se dirigieron a toda prisa hacia la familia. El padre y la madre fueron secuestrados y aquellos hombres no dejaron rastro de su fechoría ni de su identidad, dejando a aquella niña sola e indefensa en medio de la calle. Ella comenzó a correr detrás de la veloz furgoneta que se marchaba a toda prisa, intentando alcanzarla sin éxito.
A Stephan le partió el alma.
"Me alejé lo suficiente del ordenador para no ver qué era lo que pasaba después, pero cuando volví a mirar la niña seguía allí. Tenía miedo. Nada tenía sentido... ".
Stephan sentía que tenía que intervenir. La niña permanecía sentada junto a una pared en un lateral de la calle. La noche se aproximaba y la temperatura descendía rápidamente. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue llamar a una comisaría cercana y explicarlo todo, pero eso no sucedió.
-Comisaría de policía de Madrid. Buenas tardes, ¿En qué puedo ayudarle?-. Nada más oír la voz del agente, Stephan colgó. No podía exponerse a que le rastrearan sin saber si lo que hacía era ilegal o si le vincularían con alguna de las atrocidades que había estado observando. Aún con todo, tenía que hacer algo... Y así lo hizo. Stephan decidió llamar a su compañero.
-Oye, ¿te acuerdas que te dije que quería viajar? Pues lo voy a hacer, así que lo mismo no me ves el pelo en un tiempo. Cúbreme, que lo mismo se me acaban las vacaciones antes.-
-¡Guay! No te preocupes... Si ya sabes que el jefe apenas viene por aquí, así que no creo que se de cuenta. ¡Disfruta que te lo mereces, coño!-
-Gracias, tío... De verdad. No sé qué haría sin ti.- Dijo un emocionado Stephan.
-¡Para eso estamos! Animarte para que hagas lo que deseas, jajaja-.
Nada más terminar la conversación, Stephan cogió el primer vuelo directo a Madrid. Esta vez estaría presente en todo. En su libreta tenía los recursos para resolver cualquier problema que estuviera ocurriendo. Tenía que salir de ese mundo, aquel que nunca le dio las gracias por estar ahí. No necesitaba respuestas pero sí un cambio... Y marchó en busca de uno.

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.
© 2024 Cam. 556: Madrid.
martes, 3 de diciembre de 2024
Retazos de odio y desamor
Lo que me rompió el corazón fue saber que ya no volveríamos a ser el lugar seguro del otro.
Ese hogar que construimos ahora es una casa en llamas donde sólo queda el rencor y el desamor.
No es lo mismo el odio que el rencor. El odio es temporal, como el tiempo que tardé en enamorarme de tu alma.
En cambio, el segundo es duradero, como el amor que sentimos pero que finalmente acabó en desilusión.
miércoles, 20 de noviembre de 2024
CAM. 556: MADRID (V)
Capítulo 5
Stephan se mantuvo despierto delante de las pantallas del ordenador observando cada segundo de grabación. Ninguna de ellas tenía nada que ofrecer. La mayoría carecían de actividad, no se encontraba a gente, ni animales. Nada... O por lo menos eso parecía.
Las grabaciones superaban las veinte horas cada una, por lo que analizarlas era una tarea muy complicada. Todas finalizaban en horarios distintos y, después de pasar un tiempo determinado, se reiniciaban desde cero repitiendo las mismas imágenes una y otra vez.
El siguiente vídeo era un lugar oscuro. Un callejón. No se reconocía bien dónde se ubicaba. Dos personas sentadas en unas mantas colocadas sobre el suelo. Un montón de bolsas con diferentes objetos los acompañaban. Eran las primeras personas que aparecían. Stephan entendió que eran vagabundos. Comenzó a apuntar todo en su libreta: "Cuentan con barba desde hace tiempo... No disponen de mucha ropa aparte de la que llevan puesta... No se han movido la mayoría del tiempo."
De repente, uno de los hombres se levantó del sitio y se dirigió directamente hacia el otro. Dicha persona estaba tratando de hablar con su compañero, pero éste no le respondió ni se movió. El vagabundo le empezó a dar empujones leves para que reaccionase, pero siguió sin dar vestigios de vida. Se levantó y se dirigió a una mochila que tenía al lado, donde antes yacía tumbado.
Stephan vio otra vez aquellos errores gráficos que distorsionaban la imagen, donde ésta se volvía confusa e impedía distinguir al hombre de la mochila, cuyo rostro parecía carecer de emociones. La imagen se rompió por completo y se dividió en dos partes, con interferencias y píxeles de colores por doquier. Entonces, el hombre sacó una especie de machete de la mochila y se dirigió de nuevo a su compañero, que permanecía totalmente quieto. La imagen se deformaba más conforme los segundos avanzaban. Unos minutos después, el hombre del machete estaba cocinando algo en una hoguera y su compañero había desaparecido. Sólo se podían apreciar partes mutiladas de su cuerpo cerca de las llamas.
Stephan no se movía un pelo mientras me contaba esto. Con una mano sujetaba su cabeza, sin apenas reaccionar. Parecía tener asumido lo que había visto, pero tampoco tenía claro qué era lo que había sucedido.
La siguiente cámara mostraba un bosque oscuro con unas mesas de picnic delante de éste. Eran lo único que decoraba el lugar más allá de la propia naturaleza. Era tarde. Debían ser las siete o las ocho. El lugar era hermoso con luz y se apreciaba la vida por todas partes, pero de noche el ambiente era oscuro y sombrío.
Un hombre entró en escena, cabizbajo, con una mochila al hombro. Se sentó en una de las mesas y empezó a comer de un tapper que traía consigo. Cuando terminó dejó todo encima de la mesa. Sin decir nada ni levantar cabeza extrajo una cuerda de la mochila... El resto de la historia se podía intuir... No acababa bien.
-Inútil, morirás día tras día y tu pena no desaparecerá.- Expresó un angustiado Stephan. En este punto, parecía completamente insensibilizado. Su mirada reflejaba curiosidad y análisis.
Nueva cámara. Centro de Madrid. Una chica frente a un restaurante de comida rápida con ropa de fiesta y fumando, esperaba a sus amigos que estaban dentro pidiendo. Un grupo de hombres vio a la chica y empezaron a reírse de ella y a hablar por lo bajo. La chica se percató de la situación y decidió entrar dentro del restaurante, pero justo cuando abría la puerta uno de los hombres le cortó el paso. El grupo empezó a intimidarla y a tocarla por todas partes. La chica parecía cada vez más nerviosa, incapaz de poder reaccionar a tan abrumadora situación. Uno de ellos le tocó el trasero y ella lo abofeteó. El individuo le devolvió un empujón y el que parecía el líder de la manada, levantó su mano en gesto de agresión para intimidarla aún más. La chica comenzó a gritar, intentando zafarse del ataque. Los amigos de ella salieron corriendo en su ayuda y se produjo una fuerte pelea en el exterior.
Stephan me comentó que al llegar a ese punto ya no le quedaba interés y que estaba demasiado cansado para continuar. Tomó un aperitivo para intentar terminar al menos esa cámara.
Cuando volvió a mirar, la policía había llegado al restaurante y más gente se había unido al conflicto. Una ambulancia también se apreciaba. Al rato, la trifulca se resolvió.
Stephan comió durante todo ese tiempo, observando y apuntando en su libreta las cosas horribles que observaba y que le podían ser útiles en su investigación.
"Pensé que ya tenía suficiente, así que fui a dormir. Por fin, había podido ver algo de acción, pero esperaba algo más. No lo sé. Algo distinto..."

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.
© 2024 Cam. 556: Madrid.



