jueves, 22 de enero de 2026

Elia Catone (Capítulo 2 y Final)

Capítulo 2 y final

El bramido en la oscuridad retumbó en las paredes del edificio.

Elia quedó apresada en la tentación de querer abrir la puerta del vecindario en completa desnudez, pero pensó que era demasiado provocador. Cogió un batín de seda que tenía colgado cerca, donde guardaba la loción de durazno... Y pensó que era igualmente provocador.

Abrió la puerta y se asomó al pasillo. El viento ululaba caliente como la caricia de un amante a deshoras. Un joven salió corriendo hacia la puerta de su casa con los brazos extendidos como si se tratara de un leproso queriendo el abrazo de un desconocido. El primer instinto de Elia fue alcanzarle en la bolsa escrotal con una patada de las clases de karate que había abandonado el año anterior. El golpe fue tan poderoso que el efebo hizo caer polvo del techo cuando cayó de espaldas. Tenía el rostro desfigurado del miedo. Apenas articulaba palabra.

-El... el... fin del mundo...-. Su voz era quebradiza, casi como el silbido de alguien que ha estado sometido a una intubación endotraqueal durante toda su vida.

Elia Catone no comprendía. Sus pezones seguían erectos en una danza macabra entre el morbo y la turbación. No se decidían en qué estado de la materia habitar.

Al final del pasillo, un anciano se mantenía inmóvil mirando por la ventana del edificio que daba al exterior, hacia una ciudad marchita. Ni siquiera giró el rostro. Sólo señaló con el dedo hacia la extraña luminiscencia que se cernía sobre la urbe decrépita.

Una bruma incandescente se aproximaba a Elia Catone. El fuego de una explosión muda, un incendio tan fecundo como el que colmaba su cuerpo todas las noches. Como una caricia de cien millones de grados Celsius.

El gato salió al rellano del pasillo, a la cita de los finos pies de su ama, lamiéndolos con fricción. El primer y último reflejo de Elia fue cogerlo en brazos y apretarlo contra sus senos. Sabía que no habría más oportunidades. Sabía que era el fin del mundo. Su muerte inminente tras diez segundos de interminable espera angustiosa. No había vuelta atrás.

Sus últimos pensamientos antes de ser consumida por las colosales llamas se agolpaban en su cabeza, como si fueran un puñado de presos hacinados rompiendo las paredes de Alcatraz.

-Ahora lo entiendo-. Pensaba ella en su estupor. Elia se percató de que su lascivia era tan grande que se había materializado y lo había consumido todo a su paso. Una explosión nuclear de deseo. Estaba lista para acabar con todo, para ser engullida por su propia voracidad en un sublime acto de autofagia.

Su concupiscencia era demasiado soberbia para detenerla. Había engullido a siete mil millones de personas y ahora venía a por ella.

Elia soltó al Sphynx. Se quitó el batín y caminó por el pasillo con su cuerpo desnudo e impecunioso. Abrió los brazos. Estaba lista para ser consumida por el fuego de la carne.

Escrito por: Alexander Malone.

© Todos los derechos reservados.

miércoles, 21 de enero de 2026

S.O.S ¡Se acaban los cuentos! (Escenas 7 a 20) (FINAL)

Escena 7

(Un escenario cálido. ANGÉLICA narra. EL GATO y PULGARCITO la observan, sorprendidos.)

ANGÉLICA: Un pobre granjero estaba sentado junto a la hoguera, atizando el fuego para tener más calor. Su esposa estaba…

GATO: ¡Ey! Ese es tu cuento.

PULGARCITO: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Mi cuento?

GATO: Sí, tu cuento. Tienes que salir.

PULGARCITO: No… yo no.

GATO: Sí, tú.

PULGARCITO: Pero no estoy preparado.

GATO: Claro que lo estás. Vamos, corre, Pulgarcito. ¡Sal ya!

(AMBOS salen de escena. Desde el extremo opuesto entra ANGÉLICA: una niña con uniforme escolar, mochila al hombro, leyendo un libro.)

Escena 8

ANGÉLICA: Su esposa estaba a su lado, hilando. Y el granjero le dijo:
—Es una pena que no tengamos hijos. Aquí hay siempre tanta tranquilidad, mientras que en otras casas hay ruido y alegría.

ANGÉLICA: —Es verdad —suspiró su esposa—. Si tan solo tuviéramos un niño, aunque fuera muy pequeñito, no más grande que mi dedo pulgar… Estaríamos satisfechos y lo amaríamos con todo nuestro corazón.

ANGÉLICA: Y sucedió que el deseo de su esposa fue concedido. Tras siete meses, dio a luz un niño perfecto en todo, salvo que no era más grande que su dedo pulgar.

ANASTASIA: Miren a Angélica, rayito de sol. Leyendo cuentos… Pobrecita. Es lo único que puede hacer para divertirse. Leer sola cuentos de hadas para no sentirse tan sola. Claro, chicas, ella no está a la moda como nosotras. No tiene nada que compartir: ni iPhone, ni televisión de pantalla plana, ni Blu-ray, ni home theater en alta definición. Nada de nada.

ANGÉLICA: ¿Sabes una cosa, Anastasia?

ANASTASIA: ¿Qué, amiguita?

ANGÉLICA: No necesito tener todo eso que tú tienes para tener amigas en el colegio.

ANASTASIA: Claro, ¿y cómo lo vas a tener? No tienes papá que te lo compre, y tu mamá es demasiado pobre para esos lujos modernos.

ANGÉLICA: No te metas con mi mamá. Y a mi papá déjalo.

ANASTASIA: ¿En el cielo, no? Ay, amiguis… mejor no mencionarlo, podríamos interrumpir su descanso eterno.
¿No era así como te decía él? “Rayito de sol”. ¿No aparece eso en los cuentos que te regaló?

ANGÉLICA: No.

ANASTASIA: Sí.

ANGÉLICA: No.

ANASTASIA: Sí. Y lo vamos a comprobar. Dame tu libro.

ANGÉLICA: No.

(ANASTASIA hace una señal. Sus amigas sujetan a ANGÉLICA mientras ella arranca el libro y lo rompe, lanzándolo al suelo.)

ANASTASIA: Ay, pobre… se quedó sin su libro.

ANGÉLICA: ¡Mi libro! ¡Mi libro de cuentos!

ANASTASIA: ¿Era Pulgarcito, verdad? Qué lástima… porque ya no podrás leerlo más. Quítenle la mochila y rompan los otros cuentos.

(Las niñas obedecen. ANGÉLICA cae al suelo llorando.)

ANGÉLICA: ¡No, por favor! ¡Mis libros! ¡Mis cuentos!

ANASTASIA: Esto es para que aprendas a tratar mejor a tus compañeras. Y para que tu madre te compre cosas de mejor calidad. No hace falta que me des las gracias: lo hago de corazón. Besitos.
Ah, y si quieres venir a mi casa a jugar, solo llámame. Adiós, amiguita.

(ANASTASIA y sus amigas salen riendo.)

Escena 9

(ANGÉLICA recoge los restos de los libros.)

ANGÉLICA: Mis cuentos… Papá, mis cuentos. Con ellos me enseñaste a leer. Ahora ya no están. Los rompió… ¿Qué voy a hacer sin ellos? Mamá se va a enojar. Ya no voy a ser la misma. No sin mis cuentos, papá. No sin ellos.

(Se queda dormida abrazándolos. Suena música suave. Aparece una gran marioneta: la REINA FANTASÍA.)

FANTASÍA: Angélica… niña mía. No pierdas tu alegría. Borra esa tristeza de tu rostro. Sé fuerte. Los cuentos vivirán siempre en tu imaginación. Ellos te darán esperanza y te ayudarán a creer en tus sueños. Yo estaré contigo. Solo piensa en nosotros… y apareceremos.

(ANGÉLICA despierta y sale lentamente. FANTASÍA se desvanece.)

(Se oyen sonidos electrónicos. Entran soldados cibernéticos cubriendo imágenes de cuentos con telas metalizadas. Música estridente. Aparecen IGNORÁNTICA, ANALFABÉTICO y la EMPERATRIZ CIBERNÉTICA.)

Escena 10

CIBERNÉTICA: ¡Tontos! ¿Qué hacen aquí? ¡A trabajar!

TODOS: Sí, a trabajar. Ya, ya, ya.

CIBERNÉTICA: Ustedes no. ¡Fuera de mi vista!

(Los soldados huyen.)

CIBERNÉTICA: Mucho mejor.

ANALFABÉTICO: Olor, ardor, color, sabor…

CIBERNÉTICA: ¡Analfabético!

ANALFABÉTICO: Sí, su majestad.

CIBERNÉTICA: Quiero noticias. La cibernética debe saberlo todo.

IGNORÁNTICA: Su plan fue un éxito. Anastasia destruyó todos los cuentos de Angélica.

CIBERNÉTICA: ¡Magnífico! Tráiganme a esa niña. Y capturen a todos los personajes de fantasía.

ANALFABÉTICO: Pero, su majestad…

CIBERNÉTICA: ¡No me digan que no! ¡Me da la calambreña!

LOS DOS: ¡No, la calambreña no!

CIBERNÉTICA: La ciencia avanza, los niños se alimentan de mis inventos y pierden su imaginación. Y ustedes dudan… ¡Inconcebible!

IGNORÁNTICA: ¿Cómo los atraparemos?

CIBERNÉTICA: Imítenlos. Finjan ser personajes de cuentos. Tráiganlos ante mí. Entonces el Reino de la Fantasía será mío… mío… mío.

LOS DOS: Suyo… suyo… suyo.

(La EMPERATRIZ ríe y sale. IGNORÁNTICA y ANALFABÉTICO quedan arrodillados hasta desaparecer.)

Escena 11

(IGNORANTICA se levanta rápidamente e imita la voz de la emperatriz. ANALFABÉTICO la observa.)

IGNORANTICA: Y todo su reino será mío, mío, mío. Ya lo verá. Será…

CIBERNETICA: (Desde dentro) ¿Dijeron algo?

IGNORANTICA: Que ya vamos, su majestad.

ANALFABÉTICO: (Se ríe) ¿Y qué era lo que decías?

IGNORANTICA: No te interesa. Además, si te lo digo, seguro se lo cuentas a la emperatriz.

ANALFABÉTICO: ¿Yo?

IGNORANTICA: Silencio, no he terminado. Has estado haciéndolo todo al revés. Y últimamente incluso estás trabajando como un buen villano. ¡Y eso no puede ser!

ANALFABÉTICO: ¿Por qué no? ¿Acaso puede pasarme algo si decido convertirme en un buen villano?

IGNORANTICA: ¿Cómo? ¿No sabes lo que te puede pasar? ¿No conoces el castigo?

ANALFABÉTICO: No.

IGNORANTICA: No es posible. Estás trabajando como villano y no sabes las consecuencias que trae dejar de serlo.

(Canta y baila alrededor de Analfabético)

IGNORANTICA:
Pues atento y escucha, te lo digo una vez.
Si eres listo y cuidadoso, seguro te salvarás.
Es la emperatriz quien manda, solo ella y nadie más.
Hazle caso y no protestes, o de aquí no escaparás.
El castigo es terrible, y en tres partes lo tendrás.
En el club de los villanos, tu nombre no saldrá.
Con ninguno de los cuentos, tu contrato servirá.
Lo peor vendrá al final, pues la misma emperatriz,
Cuando sepa lo que has hecho, sin decir palabra,
Cogerá todas tus claves y te desactivará.

ANALFABÉTICO: ¡No!

IGNORANTICA: Serás borrado eternamente de la imaginación de los niños. ¿Te imaginas que la gente deje de ser analfabeta? Sería toda una catástrofe. Creo que no tienes salida. Fin de la historia.

ANALFABÉTICO: ¿Entonces nunca podré dejar de ser villano?

IGNORANTICA: Nunca, querido, nunca, nunca, nunca.

(Ignorantica da vueltas alrededor de Analfabético riéndose y luego sale. Analfabético queda solo, derrotado.)

ANALFABÉTICO: Esto no puede estar pasándome a mí. Soy un personaje a punto de ser exterminado, y solo por querer dejar de ser villano. Ay, mamá… estoy acabado. Ay, papá… estoy destrozado.

Escena 12

(El GATO entra quejándose, sin ver a ANAFABÉTICO, quien se oculta y lo observa.)

GATO: Y todo por ser bueno con todos. Por olvidar mis picardías de gato, y por querer quedar bien ante ustedes y la reina Fantasía. ¿Y qué ha pasado? Me reclaman y me acusan de ser un personaje aburrido. Pero esto no se queda así. Que lo digo yo, en nombre de mi España. Ahora mismo me convertiré en un villano. Y todos me querrán y me respetarán. ¡Olé!

(El GATO queda paralizado. ANAFABÉTICO se acerca.)

ANALFABÉTICO: Y yo que me quejaba de ser villano. Quizá Ignorantica tenía razón. Debo seguir siéndolo. ¿Por qué no? Tal vez no sea tan malo, y para otros es importante. Ahora seré malo, malo, muy malo.

(Se escucha música. ANAFABÉTICO hace su show con dos ciber soldados chicas sosteniendo carteles.)

ANALFABÉTICO: Un personaje malo, y de mucha calidad.
En ninguna tienda lo podrá encontrar.
Y si pronta solución quiere tener…
Llame al gran Analfabético Sociedad Maléfica.

IGNORANTICA: ¡Analfabético!

ANALFABÉTICO: Ya voy, ya voy. Y ahora, sin más espera, ante todos vosotros, la gran captura del Gato con Botas.

Escena 13

(Música suena. ANAFABÉTICO corre y se oculta. El GATO escucha y marcha. Aparece un títere: MARQUÉS DE CARABAS.)

MARQUÉS: ¡Auxilio! ¡Socorro! Me ahogo, me muero. Ya no tengo ropas, y las monedas se perdieron.

GATO: Ay, marqués de Carabas. No se asuste, no se espante. Yo lo ayudo en un instante.

MARQUÉS: ¿He comido demasiadas compotas o es la voz del Gato con Botas?

GATO: Es mi voz, su majestad. Y por el amor de la Gata Carlota y como vaquero solitario, no se preocupe, marqués. Yo lo rescataré.

(El GATO corre hacia el MARQUÉS. Se oyen golpes detrás de los telones. Al aparecer, GATO está envuelto en su capa y ANAFABÉTICO lo empuja con su espada. Por otro extremo, aparece IGNORANTICA.)

IGNORANTICA: Felicitaciones, amigo. Ya tienes al primero. Solo faltan cuatro.

GATO: ¡Socorro! ¡Socorro!

ANALFABÉTICO: Calla, calla.

(Voces de RICITOS y CAPERUCITA desde el fondo.)

IGNORANTICA: Son ellos.

GATO: Se los dije… vienen a por mí.

IGNORANTICA: Rápido, vamos a escondernos. No podemos ser vistos.

ANALFABÉTICO: ¿Y qué hacemos con el Gato?

IGNORANTICA: Llévenselo a la emperatriz. Vamos.

(IGNORANTICA y ANAFABÉTICO salen con GATO.)

Escena 14

(CAPERUCITA y RICITOS entran desde lados opuestos del escenario buscando al GATO.)

CAPERUCITA: ¡Gato! ¡Gato con Botas!

RICITOS: ¡Gato! ¡Gatito!

CAPERUCITA: ¡Señor Gato! ¿Dónde se ha metido?

RICITOS: ¡Gatito tito, ridiculito!

CAPERUCITA: ¡Ricitos!

RICITOS: ¿Qué pasa? Ah, no… qué conflicto contigo, Caperuza. ¿Me puedes dejar ser Rizos? (Al público) Disculpen niños… un poquito de envidia.

CAPERUCITA: ¡Ricitos!

RICITOS: ¿Qué te ocurre? Qué conflicto, cape… De verdad.

CAPERUCITA: Te equivocas, Ricitos. El conflicto es la desaparición del Gato con Botas y debemos encontrarlo antes que Ignorantica y Analfabético.

RICITOS: Ay, no… yo no entiendo por qué te preocupas tanto. Seguro estará durmiendo.

CAPERUCITA: Yo no pienso eso. Tú peleas mucho con él.

RICITOS: Yo…

CAPERUCITA: Sí, tú.

RICITOS: ¿Que yo peleo?

CAPERUCITA: Sí, tú.

RICITOS: ¿Estás diciendo a los niños que yo peleo?

CAPERUCITA: Sí, peleas mucho con él.

RICITOS: Que yo sepa, solo rompo cosas a la familia Ositos… Pero ahora que dices que soy peleadora… ¡Me siento súper guay! Otra característica para mí. Tal vez hagan un nuevo cuento: Ricitos 2, La Peleadora.

CAPERUCITA: ¡Ricitos, ya basta!

RICITOS: No me dejan hacer sugerencias de nuevas historias.

CAPERUCITA: Uy, Ricitos… hoy estás insoportable.

RICITOS: No más que tú.

CAPERUCITA: Ay, ya.

Escena 15

(Ambas de espaldas. Música de cuento de hadas. IGNORANTICA imita la voz de mamá osa.)

IGNORANTICA: Papá Oso, hijito Osito… Daremos un bonito paseo mientras estos ricos dulces se enfrían. Los pondré por acá y volveré en un saltico.

(RICITOS y CAPERUCITA se miran.)

RICITOS: Es mi cuento… me leen. Debo seguir mi historia. (Coge los dulces) Uhm, deliciosos… me los comeré todos.

CAPERUCITA: ¡Me das uno!

RICITOS: No, son míos. Es mi cuento.

CAPERUCITA: Pues yo tampoco quería… (Pensativa) No me gusta nada de esto.

RICITOS: Están deliciosos… ay, qué pasa… me mareo… ay, me voy a caer. Auxilio. (Se desmaya.)

CAPERUCITA: ¡Ricitos! Sabía que algo andaba mal.

(IGNORANTICA y ANAFABÉTICO aparecen. CAPERUCITA nota solo a IGNORANTICA.)

IGNORANTICA: Eres muy lista, Caperucita. Pero ya no podrá ayudarle.

CAPERUCITA: Sabía que estaban detrás de todo.

IGNORANTICA: No escaparás.

ANALFABÉTICO: Atrapémosla.

CAPERUCITA: Veremos si me alcanzan.

(Persecución por el público. ANAFABÉTICO captura a CAPERUCITA.)

CAPERUCITA: ¡Suéltame, Analfabético, bruto!

IGNORANTICA: Cállate, Caperucita.

CAPERUCITA: Respétame…

(Se ríen. RICITOS empieza a despertar. CAPERUCITA aprovecha y pisa a ANAFABÉTICO, escapa corriendo.)

IGNORANTICA: Rápido, ve por ella.

ANALFABÉTICO: Se ha escapado.

IGNORANTICA: Por tu culpa.

ANALFABÉTICO: No, fue por ti.

IGNORANTICA: Te dije, por ti.

ANALFABÉTICO: Siempre yo, ¿y qué hacemos ahora con esta golosa?

IGNORANTICA: Cógela, y tráela a la emperatriz. Muévete.

(IGNORANTICA y ANAFABÉTICO sacan a RICITOS. La EMPERATRIZ entra con GATO con BOTAS enganchado a una cadena.)

Escena 16

CIBERNETICA: Vamos, Gatito tito, camina rapidito.

GATO: No quiero… qué humillación. Miau.

CIBERNETICA: Si quieres, debes caminar.

GATO: No… estoy cansadito… no me hale tan fuerte que me ahorcará.

CIBERNETICA: Que camines, te digo.

GATO: ¡Que me mata!

CIBERNETICA: No pasa nada. Si mueres, me busco otra mascota.

GATO: Ay, no… soy joven y sin casarme, la Gata Carlota enviudaría.

CIBERNETICA: Ya me aburrí de pasearte.

GATO: ¿Qué? ¡Piedad! Piedad de mí… le prometo decirle todo, todo, todito.

CIBERNETICA: ¿Todo? ¿He escuchado bien?

GATO: Sí, todo, todo, todito, como un gato buenito.

CIBERNETICA: Venga, habla… el tiempo es corto y me aburro.

GATO: Miau.

CIBERNETICA: Lo siento, no hables gatuno… solo castellano, inglés o catalán.

GATO: Soy gato muerto. Adiós mundo cruel.

CIBERNETICA: Deja de ser tan dramático, estamos en obra infantil.

GATO: ¿Obra infantil? ¿Puedo decir la introducción?

CIBERNETICA: Sí, pero después de hablar.

(Voces de ANGÉLICA y ANASTASIA desde el fondo.)

CIBERNETICA: Qué mala suerte… ya viene alguien. No puedo disfrutar ni cinco minutos en escena.

GATO: Miau… miau.

CIBERNETICA: Traduce gatito. Vamos, toca irse.

(Se lleva a GATO. Entra ANASTASIA trayendo a ANGÉLICA casi a la fuerza.)

Escena 17

ANGELICA: Anastasia, me haces daño.

ANASTASIA: Dime quien fue que le dijo a la maestra que yo te rompí todos los cuentos.

ANGELICA: No lo sé, no lo sé.

ANASTASIA: ¿Has sido tú que se lo ha dicho? ¿Has sido tú, verdad?

ANGELICA: No, yo no le he dije nada. Yo solo hice lo que la maestra me pidió.

ANASTASIA: Claro, ibas a leer como siempre los cuentos a toda la clase, y cuando los sacaste de la mochila la maestra se dio cuenta de que estaban rotos.

ANGELICA: Sí.

ANASTASIA: ¿Y yo no te dije que debías de botarlos, y comprarte otras cosas de mejor calidad?

ANGELICA: Pero es que eran un regalo de mi padre.

ANASTASIA: Igual daba. ¿Sabes qué? Ya los cuentos no se leen. Ya no existen en el interés de los niños. Están pasados de moda. Además amiguita, ellos no van a devolverte a tu padre, y tampoco te ayudarán en nada ni a ti, ni a tu mamá. No sirven. No han servido nunca. Eso debes de recordarlo siempre. ¿Te enteras, o no?

ANGELICA: Sí, pero…

ANASTASIA: No te preocupes. Yo te ayudaré a olvidarte de ellos. Pero promete que lo harás.

ANGELICA: Pero, es que, yo no quiero… Está bien, te lo prometo Anastasia.

ANASTASIA: Muy bien. Eso es. Ahora ve a prepararte a tu casa, te cambias de ropa, te arreglas y vienes a mi casa para que juguemos juntas con todas las maravillas electrónicas que tengo. Ve, corre. Y ponte mona. Hasta ahora, Ami. Te espero, prontito. No tardes.

(Angélica sale triste de escena, y Anastasia intenta empujarla para que apure el paso. Luego Anastasia se queda sola y se ríe de lo que ha hecho. Suena música tenebrosa y aparece detrás de Anastasia, la Emperatriz que viene cual dioses egipcios. Se coloca justo detrás de Anastasia y la toca en el hombro.)

CIBERNETICA: ¿Qué tal querida? ¿Cómo estás, preciosa niña? ¿Todo happy?

(Anastasia la mira, grita y se desmaya.)

CIBERNETICA: Ay, otra vez lo mismo. ¿Pero por qué cuando me ven se asustan tanto? ¿Estoy tan mal arreglada o qué? Siempre me ocurre lo mismo. Yo es que no entiendo nada. Ya sé. Seguro no le ha gustado mi peinado. Niños, díganme, ¿a vosotros os gusta mi peinado? Seguro que sí, ¿verdad que soy muy guapa? Hago una maravillosa interpretación en esta historia, que soy divina, de lo más. Lo sé, lo sé. ¿No? ¿Cómo qué no? ¿Qué pasa? ¿Acaso no quieren ser como yo? Sean como yo, y ya verán cómo nos divertiremos juntos creando el caos y dejando de leer esos tontos cuentos de la Reina Fantasía. Esos cuentuchos que ya no molan nada.

(Anastasia despierta.)

CIBERNETICA: Mira qué bien, ya ha despertado la nena.

(Anastasia intenta huir, pero Cibernética la detiene.)

CIBERNETICA: Stop, querida. Tú quieta allí.

ANASTASIA: ¿Qué?

CIBERNETICA: Hipnotizada.

ANASTASIA: ¿Ah?

CIBERNETICA: Que está hipnotizada. O al menos eso debería de ser. Hipnotízate.

ANASTASIA: No le comprendo.

CIBERNETICA: Que te hipnotices, nena. Que estás hipnotizada. Hipnotízate. Ay, no se entera.

ANASTASIA: Ah. Vale, vale.

CIBERNETICA: Perfecto. Ahora escúchame. Tú has sido elegida para llevar a cabo una gran misión. Y desde ahora serás nombrada mi más preciado tesoro: “CiberAnastasia”. Ven conmigo, que debo explicarte todo mi fabuloso plan. Querido público, os abandono por un momento. Pero ya regreso. Besitos ciber-electrónicos a todos.

(Sale Cibernética llevándose a Anastasia de escena. Suena música con la que miramos entrar a Ignorantica, que lleva consigo una especie de camisón de mangas largas. Pulgarcito aparece por el extremo opuesto y sin preverlo, se encuentran juntos en medio de la escena. Ignorantica finge llorar y él se acerca.)

Escena 18

IGNORANTICA: Uy, uyyy, ayyyyy, auyyyyy.

PULGARCITO: Oye, ¿tú no eres Ignorantica?

IGNORANTICA: Sí, soy yo. Auyyyyy.

PULGARCITO: ¿Pero la villana, la que quiere atraparnos junto con Analfabético, eres tú?

IGNORANTICA: Sí. Esa misma.

PULGARCITO: ¿Y no se supone que me debes atrapar?

IGNORANTICA: Sí, se supone.

PULGARCITO: ¿Y por qué no me atrapas?

IGNORANTICA: Porque antes, tendría que haberme vestido con esto, para poderte atrapar. Pero solo se puede usar si sabes tú bailar. Y como yo no lo sé hacer, pues no me lo he podido poner para poderte atrapar.

PULGARCITO: Ah. ¿Y por qué no me atrapas así, y ya está?

IGNORANTICA: Podría ser. Pero, ¿tú te vas a dejar?

PULGARCITO: No. Solo si me llegas a alcanzar.

(Ignorantica finge llorar.)

PULGARCITO: Pero no llores.

IGNORANTICA: ¿Cómo no voy a llorar, si tú no me quieres ayudar para dejarte atrapar?

PULGARCITO: Que no. Digo, que sí, te voy a ayudar. Y si tienes que bailar para poderme atrapar, ya podemos empezar. A la una, a las dos y a las tres. Música y a bailar.

(Suena música, ambos bailan y Ignorantica lo va envolviendo en la cinta.)

PULGARCITO: ¿Ves que fácil es? Ahora me lo quitas, te lo pones tú y me atrapas.

IGNORANTICA: Lo siento, pequeño. Ya lo has hecho por mí. Ahora, avanza, que la Emperatriz espera.

PULGARCITO: Ay, no. Estoy atrapado. Socorro, auxilio.

(Salen de escena. Se oye música misteriosa junto con la voz de Caperucita, que llama desesperadamente a la Reina Fantasía, mientras corre de un extremo a otro.)

Escena 19

CAPERUCITA: Reina Fantasía, Reina Fantasía. Aparezca donde quiera que esté. Estamos en peligro.

FANTASIA: ¿Qué pasa, Caperucita? ¿Qué ocurre?

CAPERUCITA: Reina, tiene que ayudarnos. Han atrapado a los personajes de los cuentos. Cibernética los tiene prisioneros. Hay que hacer algo para rescatarlos a todos, lo más pronto posible. Solo yo he podido escapar de ello. Debemos hacer algo pronto, recuerde que si no, nadie podrá proteger a Angélica; y los cuentos serán borrados de su imaginación, y la de todos los niños del mundo, para siempre.

FANTASIA: Caperucita, pronto. Debes de encontrar a Angélica, es nuestra única salvación.

CAPERUCITA: ¡Pero cómo!

FANTASIA: Encuéntrala. Antes de que lo hagan los secuaces de la Emperatriz. Solo ella le demostrará a la Emperatriz que cree en los cuentos de verdad. Su fe en nosotros, en las historias y la fantasía, es lo que podrá salvarnos de la total destrucción. Rápido Caperucita, debemos de darnos prisa.

CAPERUCITA: Sí, mi reina. Ahora mismo voy a ello.

(Voltea, pero es interceptada por Cibernética.)

CIBERNETICA: No tan rápido, querida Caperuza. Tú no vas a ningún lado.

CAPERUCITA: Te equivocas, Emperatriz, eso lo decido yo. Así que con permiso, me retiro.

CIBERNETICA: ¿No me has oído bien? Te he dicho que no vas a ningún lado. ¡Analfabético!

FANTASIA: No te vas a salir con la tuya.

CIBERNETICA: Eso lo veremos. ¡Analfabético, atrápala y llévala con los demás!

ANALFABETICO: Será un placer, capturarte Caperuza.

CAPERUCITA: Solo si me alcanzan, electrónicos tontos.

CIBERNETICA: Ahora quedarás sin habla por esa ofensa.

(Caperucita queda sin voz y Analfabético la captura llevándosela fuera de escena. Aparece el Gato con Botas.)

Escena 20

GATO: Aquí estoy, mi Reina. Yo la salvaré.

CIBERNETICA: ¿Otra vez tú, gato fastidioso? ¿Podrías irte? Esto es un asunto entre la Reina y yo. Tú no tienes nada que hacer aquí. Largo.

GATO: Te equivocas, malvada. Yo estoy aquí para proteger a mi reina y acabar contigo. Miau.

CIBERNETICA: Vale con los miau. Que ya te he dicho que en castellano.

GATO: Prepárate para ser derrotada. Tu tiempo en esta historia se ha acabado.

CIBERNETICA: Eso está por verse con vuestra querida Angélica. Y yo misma os lo mostraré.

(Cibernética da dos palmadas y aparece Angélica por el lado derecho. Trae un cuento consigo que aprieta fuerte contra su pecho. Llega, pero no ve a los otros personajes.)

ANGELICA: No me voy a rendir tan fácilmente. Yo quiero mis cuentos. Anastasia me tendrá que escuchar, lo quiera o no.

CIBERNETICA: ¿Qué dice esta niña? Seguro se ha equivocado de línea.

ANGELICA: No, señora. Eso es lo que sigue en mi guion. Yo digo lo que me toca.

TODOS: Ey, ¿podemos continuar con la historia? ¿Os parece?

LAS DOS: Vale, vale. Seguimos.

GATO: Miau. Es Angélica.

CIBERNETICA: Claro que es Angélica. Y ahora presenciarán todos su propia derrota. Ya lo verán.

(Cibernética da dos palmadas y aparece Anastasia por el lado izquierdo.)

ANASTASIA: Hola Angélica. ¿Venías a hablar conmigo? Te estaba esperando para jugar juntas.

GATO: No, Angélica. No la escuches.

CIBERNETICA: Calla, gato. Ahora no darás ni un paso más.

(Cibernética hace un gesto con el que el Gato se queda paralizado. Inmediatamente aparece Alicia por un lateral.)

ALICIA: Gato, ya estoy aquí.

ANGELICA: Alicia, ayúdame.

CIBERNETICA: Analfabético, haz tu trabajo.

ANALFABETICO: Con todo gusto, su majestad.

ALICIA: Ven que te estoy esperando, Analfabético.

ANALFABETICO: A ver quién atrapa a quién.

GATO: Corre, Alicia, corre.

(Alicia intenta huir, pero es capturada por Analfabético.)

CIBERNETICA: Magnífico, Analfabético. Y ahora que continúe la función con Angélica y Anastasia.

ANGELICA: Anastasia, yo…

ANASTASIA: Sí, lo sé. Venías a decirme que querías que jugásemos juntas. Lo sé.

ANGELICA: Lo que yo venía a decirte era…

ANASTASIA: Que botaste tus cuentos.

ANGELICA: Eh, bueno… sí.

ANASTASIA: Muy bien, amiguita. Te felicito. Eres maravillosa. Sabía que lo harías. Los cuentos ya no sirven para nada. Solo nos aburren. Guácala.

ALICIA-GATO: No, Angélica, no.

ALICIA: No la escuches.

GATO: Es mentira.

CIBERNETICA: A callar. Que viene la mejor parte.

ANGELICA: Sí. Tienes razón. Tal vez no sirvan para nada de todas formas. Y tampoco puede que me devuelvan a mi papá. Pero… pero yo creo en ellos. Y me gustan, y me ayudan a creer en la fantasía, a reír, a soñar, a querer a mi mamá. Y a pensar en mi papá. No me interesan tus juegos electrónicos, tus cosas de última moda, ni nada de lo que tú tienes. Todo eso se echa a perder, se gasta, se daña, pero los cuentos no. Los cuentos seguirán vivos en mí, todos los días. Siempre, siempre.

CIBERNETICA: No, no, no. Pero qué dices. Este es el fin de mi interpretación en esta historia. No lo puedo aceptar. Yo nunca he sido derrotada de esta forma. Qué horror. ¿Qué van a decir de mí en el mundo de la maldad? Creo, creo que desfallezco.

ANGELICA: Niños. Niños. ¿Verdad que ustedes creen en los cuentos? Díganselo a Anastasia.

(Los niños responden y se crea un juego entre Angélica y ellos que la misma Angélica controla.)

ANASTASIA: No, no. ¿Pero qué dices, amiguita querida? Eso no es verdad. Los cuentos no sirven, no, no. Dime que no, amiguita. No, no, nooooooo.

CIBERNETICA: Es mi fin. No quiero, no quierooooo. Me las pagaréis todos, muy pronto. Me voy.

(Alicia y el Gato asustan a Analfabético, que huye despavorido tras Cibernética.)

ANALFABETICO: Su majestad, espéreme. No me deje solo. Su majestaddddddd.

ALICIA-GATO: Ganamos, ganamos. Hurra, viva. Gracias Angélica. Ha sido por ti. Ahora permaneceremos en la imaginación de todos los niños del mundo porque tú lo has logrado. Hasta pronto, Angélica. Y recuerda que siempre estaremos contigo. Siempre.

FANTASIA: Niña mía. Nos ayudaste a vencer a Cibernética. Ahora todos los niños del mundo nos volverán a leer, y creerán una vez más en nosotros, logrando así que perdure la fantasía. Gracias Angélica y recuerda, cada vez que quieras que estemos contigo, solo debes leernos y apareceremos. Adiós, niña mía, adiós.

ANGELICA: Gracias, papá. Ahora me voy a casa a leer muchos cuentos más.

(Angélica sale de escena poco a poco al tiempo que la música va subiendo de intensidad y la luz decrece lentamente.)

FIN de la historia.

Escrito por: Marco Román.

© 1998 S.O.S ¡Se acaban los cuentos!

Tyler

Tus ojos eran distintos en la madrugada del querer, 

como dos ocelos apagados en una noche sin florecer.

Me acosté viéndote recoger tu pesar y quise envolverte

en un abrazo sin sopesar.


Qué me importaban los días y las horas, 

que yo sí era consciente de tu desvelo a deshoras.

Cuando la alborada se cernía de seda

y tú guardabas los segundos con queda.


Levanté un ramal para acariciar tu vaina de pureza

y en ella me encontré con una lágrima de tristeza.

Mi lamento me había impregnado y tu sufrimiento ya no yacía,

ojalá fuese aquel mío y tu congoja hubiera estado vacía.


Ahora descansas en un bello prado verde,

el Sol acaricia tu esencia sin olvidar que te recuerde.

Tus cabriolas son pompas en la brisa y 

mi Amor te escolta como un jinete sin prisa.
























Escrito por: Andrew Wooldstick.


© Todos los derechos reservados.

sábado, 15 de marzo de 2025

S.O.S ¡Se acaban los cuentos! (Escenas 4 a 6)

Escena 4

(Cuando están a punto de tocarse el uno al otro en actitud de pelea, se escucha una música estruendosa que los personajes de fantasía identifican con la malvada emperatriz cibernética. Acompañando la música, se oirá del fondo una gran carcajada que provocará terror en los personajes.)

PULGARCITO: (Con las piernas temblándoles) Eso... eso fue la emperatriz cibernética.

TODOS: ¿La emperatriz cibernética?

GATO: Corran todos... a esconderse.

(Todos corren en un juego coreográfico, buscando esconderse entre el público, hasta que aparece Caperucita Roja, del fondo del telón, riendo a carcajadas por la travesura cometida.)

Escena 5

CAPERUCITA: Ja, ja, ja. ¡Qué cobardes son todos! Se asustan solamente con una risa.

TODOS: ¿Caperucita Roja?

CAPERUCITA: Claro. ¿Quién pensaban que era? ¿Dora la Exploradora?

TODOS: No, claro que no.

ALICIA: Igual de traviesa, muy bien.

RICITOS: Me pareció muy divertido. Eso es.

GATO: Debí haberlo adivinado.

CAPERUCITA: No inventes, Gato con botas. Tú nunca adivinas nada.

GATO: Si me sigues tratando así, me convertiré en el personaje más incomprendido de toda la fantasía.

PULGARCITO: Ay, Gato. No exageres tanto.

RICITOS: Ay, pero qué cursi.

GATO: No soy cursi. Es así. Además, soy actualmente tan poco leído. Mis compañeros se empeñan en no dejarme cumplir con mis funciones de animador del reino de fantasía. Ni siquiera me soportan, y hasta me mandan a callar porque los aburro. No sé lo que voy a hacer. Ya nadie me quiere. Y seguramente desapareceré de entre los cuentos clásicos, y fantasía quizás aparezca ahora con mi liquidación. Soy un personaje fracasado. Miau... miau.

ALICIA: Gato, tampoco las cosas son para tanto.

CAPERUCITA: (Concentrada) Desaparecer... cuentos. Niños... ¡No!

RICITOS: Por fin este gato se ha dado cuenta de lo que es.

ALICIA: ¡Ricitos!

RICITOS: Ay, sí. Ya lo sé. Me controlaré, me controlaré.

PULGARCITO: Pero yo te quiero mucho, Gato. Y a mí siempre me ha gustado tu historia.

ALICIA Y RICITOS: ¿Ah?

CAPERUCITA: Es verdad.

ALICIA Y RICITOS: ¿Qué?

CAPERUCITA: Lo que dice el Gato con botas es verdad. Creo que estamos en peligro de desaparecer de la imaginación de los niños. Ya casi ni nos toman en cuenta los padres para leerles a sus hijos antes de dormir. Y los niños ni siquiera piensan ya en nosotros. Y cuando lo hacen y comienzan a leernos, se quejan y hasta dicen que nos encuentran aburridos.

TODOS: ¿Aburridos?

CAPERUCITA: Sí, aburridos. Aburridos porque no tenemos superpoderes, ni nos lanzamos rayos láser. Aburridos porque no nos matamos con puños y patadas de karate. Aburridos porque no estamos dentro de una pantalla electrónica disparándonos entre sí. Aburridos porque solo ofrecemos mensajes de amor, amistad y unión. Solo quieren ver violencia. Y no se dan cuenta de que, cada día que pasa, matan poco a poco la imaginación que hay dentro de ellos. Creo que si todo continúa así, fantasía se debilitará y quedaremos atrapados en los libros, solos y llenos de polvo para siempre.

RICITOS: Hay que avisar a fantasía cuanto antes para informarle de todo esto.

PULGARCITO: Sí, hay que hacerlo ya.

ALICIA: Entonces, vamos al palacio de la luz y hablaremos con ella.

CAPERUCITA: Pero ya, debemos darnos prisa. No nos queda mucho tiempo.

GATO: ¡Sí, vamos!

ALICIA: No. Ustedes dos se quedarán aquí. Serán más útiles informándonos de si pasa algo nuevo que acompañándonos.

CAPERUCITA: Esas son sabias palabras.

RICITOS: Cierto. Además, nosotras sabemos defendernos solas. No necesitamos personajes fracasados a nuestro lado. Eso sería hasta de mala suerte.

GATO: Mira, niñita, tus palabras ya me están...

ALICIA: (Entre los dos) Bueno, bueno. Ya basta. No hay tiempo para tonterías. Hay un gran peligro acechándonos. Y debemos estar sumamente alerta por si algo llega a ocurrir. ¿Habéis entendido?

LOS DOS: Pero...

ALICIA: Pregunté que si lo habéis entendido.

LOS DOS: Sí, mi capitana.

(Alicia, Ricitos y Caperucita les hacen muecas y salen de escena. El Gato y Pulgarcito las siguen con la mirada hasta que desaparecen. Cuando lo hacen, comienzan a gritar y brincar eufóricos.)

Escena 6

GATO: Bien. Ya nos libramos de las niñas malcriadas...

PULGARCITO: Y ahora nadie nos regañará.

GATO: Tampoco nos fastidiarán.

PULGARCITO: Y podremos jugar tranquilos.

LOS DOS: ¡Bien, viva, hurra!

PULGARCITO: Y ahora, a jugar al escondido. No, no, mejor a las adivinanzas.

GATO: No.

PULGARCITO: ¿No? ¿Y por qué no?

GATO: Ni al escondido, ni a las adivinanzas. Jugaremos a que yo soy el rey y tú eres mi soldado.

PULGARCITO: ¡¿Cómo?!

GATO: Como lo oyes. Así que podemos comenzar.

PULGARCITO: Pero yo no quiero jugar a los soldados. Eso no es justo. Voy a contárselo a Alicia.

GATO: Oye, oye. Espera, no te vayas. No pasa nada. Podemos jugar a otra cosa.

PULGARCITO: ¿De verdad, Gato?

GATO: Seguro. Segurísimo. Lo que tú quieras. ¿A qué quieres jugar?

PULGARCITO: Yo quiero jugar a...

GATO: ¿A qué?

PULGARCITO: A nada.

GATO: ¿A nada? ¿Cómo que a nada? No, eso no puede ser.

PULGARCITO: ¿Por qué no?

GATO: Porque en los diálogos de esta historia dice que tú tienes que jugar a algo.

PULGARCITO: ¿De verdad? Ay, ¡qué guay! ¿Y a qué dice que voy a jugar?

GATO: Pues no lo sé. Eso lo dices tú, no yo. Búscalo en tu guion.

PULGARCITO: Ah, claro. Tienes razón, Gato. Lo voy a buscar en mi libreto, a ver qué dice y luego jugamos. ¿Vale?

GATO: Vale.

PULGARCITO: ¿Te parece bien?

GATO: Me parece bien.

PULGARCITO: Entonces dámelo.

GATO: ¿El qué?

PULGARCITO: Mi guion.

GATO: Pero si no lo tengo yo. Lo deberías de tener tú.

PULGARCITO: Cierto, cierto. ¿Y dónde está?

GATO: No lo sé, Pulgarcito. Búscalo.

PULGARCITO: Es verdad. Tengo que buscarlo. ¿Pero por dónde debo buscarlo?

GATO: Tampoco lo sé. Por allí, o por allá. O pregunta, o llámalo.

PULGARCITO: Guion... Guion... ¿Dónde estás? (El Gato se ríe de Pulgarcito y cuando este se voltea, el Gato se pone serio.) ¿De qué te ríes, Gato?

GATO: ¿Yo? Si yo no me río.

PULGARCITO: Sí que te ríes. Te he escuchado.

GATO: Te lo estás imaginando. Anda, llama a tu guion, a ver si aparece.

PULGARCITO: Sí que aparece, sí. Ya lo verás. Guion... guion mío... ¿Dónde estás? ¡Yujuuuu!

(El Gato se ríe a carcajadas y Pulgarcito lo ve y sigue llamando su libreto. Alicia, en ese momento, lanza el libreto de Pulgarcito, que cae en medio de la escena. El Gato para de reír y abre la boca asombrado.)

GATO: ¡¿Cómo?!

PULGARCITO: ¡Mi guion, mi guion! ¿Lo ves, Gato? ¡Mi guion ha aparecido!

GATO: Eso es trampa. Seguro que se lo ha lanzado Ricitos.

PULGARCITO: Y ahora a leer qué juego es el que me tocaba jugar a mí en este momento. A ver, a ver... (Revisa en el guion) Aquí está. ¡Ya lo encontré!

GATO: ¿Ah, sí? ¿Y cuál es? ¿Cómo se llama el juego que vamos a jugar?

PULGARCITO: Vamos a jugar... a... las... ¡Adivinanzas!

GATO: ¡No!

PULGARCITO: ¡¿No?! ¿Y por qué no? Aquí en el guion lo dice.

GATO: Pero ese es un guion viejo. Y ahora ese juego no se juega. Ahora se juega otro juego que se llama la improvisación.

PULGARCITO: ¿La improvisación? No. La improvisación, no.

GATO: Sí, la improvisación, sí.

PULGARCITO: Pero en los cuentos no existe la improvisación. Si todo ya está escrito.

GATO: En los cuentos, puede que no exista, pero en esta historia, sí.

PULGARCITO: ¡Ah, sí! ¡Qué bien! ¡Viva! ¡Hurra! Pero, ¿y cómo se juega a la improvisación?

GATO: Tranquilo. Yo te lo enseño. Tú observa y verás.

(El Gato y Pulgarcito improvisan con el público un juego de palmadas y sonidos y, luego, con silencios. Al momento, brincan emocionados por la reacción del público. Y cuando van a retomar el diálogo, se escucha una voz desde dentro. Se trata de Angélica, quien se escucha como leyendo el cuento de Pulgarcito.)

Escrito por: Marco Román.

© 1998 S.O.S ¡Se acaban los cuentos!

miércoles, 26 de febrero de 2025

martes, 11 de febrero de 2025

S.O.S ¡Se acaban los cuentos! (Escenas 1 a 3)

(En el espacio escénico se observarán tres paneles o bastidores desarmados que los actores, como personajes misteriosos, se encargarán de colocar en su sitio, y por medio de los cuales entrarán y saldrán todos los personajes con carteles que los identifiquen: Mundo Real, Reino de Fantasía y Reino de la Cibernética; estos irán rotando cada vez que así lo requiera la escena a interpretar. Con el sonido de una música mística, saldrá del panel del centro una marioneta, manejada por dos actores y vestida como un trompetero. El trompetero llegará a unas escalinatas colocadas en el medio del escenario, se sentará y comenzará la música que posibilitará la entrada del Gato con Botas, Alicia, Ricitos de Oro y Pulgarcito, quienes darán inicio a la acción.)

Escena 1

GATO: En el Reino de Fantasía, se acaba de declarar.

(Todos brincan y gritan eufóricos.)

TODOS: ¡Bien!

GATO: Eh, oigan. Todavía no he terminado.

ALICIA: Está bien, señor gatuno. Nos callamos.

GATO: Muy bien. Recuerden que el que comienza el espectáculo soy yo.

(Todos se ríen del Gato con Botas.)

GATO: ¿Y ahora, qué pasa?

TODOS: Nada. Puede continuar.

GATO: ¿Será que puedo hacerlo? ¿Me dejan?

TODOS: (Aburridos) Sí.

GATO: En el Reino de Fantasía, se acaba de declarar, por orden de la gran reina, la tan esperada...

RICITOS: Ay, ya. Termina de una buena vez. Me desesperas.

GATO: No entiendo cómo te puedo desesperar, si todavía no me has dejado decir la introducción de la obra.

RICITOS: Es que no hace falta que la digas para que todos estemos desesperados.

PULGARCITO: Ay, pero yo no estoy desesperado.

RICITOS: ¡Calla, calla! Que es para que el gato se lo crea.

PULGARCITO: Ah... entiendo, entiendo.

ALICIA: Yo creo que estamos perdiendo el tiempo aquí detrás.

RICITOS: Pienso lo mismo que Alicia.

GATO: Pues si me dejaran trabajar, todo sería distinto y podríamos empezar.

PULGARCITO: Pero yo no escucho a nadie leyendo mi cuento.

RICITOS: Niño, no hace falta que lean tu cuento para que salgas a jugar.

PULGARCITO: ¿No?

ALICIA: Claro que no.

PULGARCITO: Ah, yo pensaba. Bueno, si es así... No perdamos tiempo. Vamos a jugar.

(Intenta ir hacia el público, pero todos los demás lo cogen inmediatamente.)

TODOS: ¡No; todavía no!

PULGARCITO: ¿Y entonces qué?

ALICIA: Es que no puedes salir hasta que el Gato con Botas dé la orden de jugar.

PULGARCITO: Ala. ¿Y por qué?

RICITOS: Porque así lo dispuso Fantasía.

PULGARCITO: ¿Y quién es Fantasía?

TODOS: ¿No sabes quién es Fantasía?

ALICIA: Niño, qué vergüenza contigo.

RICITOS: Se los dije. Tiene el cerebro muy pequeño.

GATO: ¡ALICIA! ¡RICITOS!

PULGARCITO: Qué tontos. Claro que lo sé.

TODOS: Ahhh.

GATO: Bien. Como el público espera impaciente, declaro libre, por orden de la reina Fantasía, la hora del juego. ¡A jugar!

Escena 2

(Suena la canción del cuento, y todos los personajes, incluyendo a Caperucita, que saldrá inesperadamente, bailarán y cantarán.)

Canción del cuento.

I

Somos personajes

De los cuentos clásicos

Que venimos a contar

Todas nuestras historias.

Solo tienes que cerrar

Primero tus ojitos

Y soñando crearás

Un cuento solo para ti.

II

Piensa que en

Todo en ti será feliz

Y verás lo fácil que es soñar.

Crea un mundo

De magia dentro de ti,

Sin problemas,

Y así cantarás y soñarás,

Y cantarás, y reirás,

Y bailarás

Y soñarás, soñarás y soñarás.

(Baile)

III

Yo seré Alicia y buscaré a mi conejo.

Yo seré Ricitos y solo quiero mis ositos.

Yo, el Gato con Botas,

Y el más pequeño, Pulgarcito, yo.

Solo tienes que agarrar

Un libro de cuentos ya

Y leer, y leer, y leer, y leer:

Lee, lee, lee, lee.

(Baile)

IV

No te preocupes, los cuentos empiezan ya,

Y Fantasía pronto a todos creará.

Tú solo tienes que leer

Y ellos a ti llegarán.

Todos los cuentos triunfarán.

Lee pronto,

Lee ya.

Escena 3

PULGARCITO: ¡Qué bien! ¡Qué bien! Ya estamos afuera, ya estamos afuera. Ahora a jugar.

RICITOS: ¡Shhttt! ¡Calla, niño!

PULGARCITO: ¿Qué pasa?

RICITOS: No debes hacer tanto ruido.

PULGARCITO: ¿Y por qué?

ALICIA: Porque acabamos de salir de la barrera mágica, y ahora nos encontramos más cerca de los límites entre la realidad y el Reino de Fantasía.

PULGARCITO: ¿Y qué quiere decir eso?

GATO: Miau. La barrera mágica.

RICITOS: Que podemos ser llamados en cualquier momento por un niño que esté ahora mismo leyendo el cuento de alguno de nosotros.

GATO: ¡A defender el Reino de Fantasía!

(Suena música de súper héroe; el Gato saca su espada y corre atolondrado.)

ALICIA: ¿Y qué le pasa al señor gatón?

RICITOS: Yo siempre he dicho que está loco de remate.

ALICIA: ¡Ricitos!

RICITOS: Vale, vale.

PULGARCITO: ¿Y si hacemos ruido no nos escucharán, ¿no es cierto?

RICITOS: Claro, tontín.

ALICIA: ¡Ricitos!

RICITOS: Ay, pero qué conflicto. Déjenme ser rizos.

ALICIA: (A Pulgarcito) Y tampoco nosotros podremos escucharles a ellos. Así que es mejor que dejes de preguntar y estés muy atento por si escuchas tu nombre.

GATO: (Entrando con un caballo de juguete en mano) ¡A la carga gatuna, miau, miau!

PULGARCITO: ¿Y debo estar tan atento como el Gato con Botas?

(Todos miran al Gato con Botas y ríen.)

GATO: Sí, sí. Está bien. Burlaros todo lo que queráis. Pero os aseguro que no hay mejor forma de buscar que la mía. Tengo garantía del equipo de investigadores del Real Madrid. Además, puedo olfatear sin mucha dificultad cuándo van a empezar a leer mi cuento. Y vosotros no poseéis esa propiedad. Ju...

ALICIA: Mírenlo, pero qué pretencioso.

RICITOS: Creo que eres un gato demasiado caprichoso que se cree héroe por haber vencido al gigante de un castillo.

GATO: Pues a mí me parece que tú eres una pecosa golosa que se come todo lo que encuentra a su paso.

RICITOS: (Al Gato.) A mí nadie me llama pecosa golosa.

GATO: (A Ricitos.) Y a mí nadie me dice gato caprichoso.

(Alicia y Pulgarcito intentan detenerlos, pero Ricitos y el Gato no hacen caso y comienzan a pelear.)

RICITOS: Te afeitaré los bigotes.

GATO: Y yo te alisaré todos los rizos.

ALICIA: ¡Ricitos de Oro! ¡Gato con Botas! ¡Ya dejen de pelear!

LOS DOS: ¡Cállate! ¡Y déjanos pelear tranquilos!

ALICIA: Vale, vale. No he dicho nada.

RICITOS: Gato mentiroso.

GATO: Niña envidiosa.

RICITOS: Come ratones.

ALICIA: Oigan...

RICITOS: ¡Gato caprichoso!

GATO: ¡Pecosa golosa!

RICITOS: ¡Perezoso!

GATO: ¡Envidiosa!

RICITOS: ¡Ay!

GATO: ¡Miau!


Escrito por: Marco Román.

© 1998 S.O.S ¡Se acaban los cuentos!

viernes, 17 de enero de 2025

CAM. 556: MADRID (VII)

 Capítulo 7

Stephan llegó rápidamente al aeropuerto. Llevaba una mochila con algunas pertenencias y no traía nada que no fuera necesario: Un par de prendas para cambiarse, dinero y su libreta.

Mientras esperaba su vuelo se acercó a una librería donde le había llamado la atención un libro titulado "Mitos y leyendas de Madrid". El destino era caprichoso y su llegada era necesaria... O eso quería creer él.

"Nada es casualidad, y desde que me encontré aquella página iba sumándose una tras otra. Si hubiese actuado como hasta entonces, nada hubiera sucedido y no me lo habría perdonado nunca".

Stephan se sentó a leer el libro mientras prestaba atención a la pantalla de aviso de llegadas y salidas, donde anunciaban que su vuelo se había retrasado. Stephan entró en cólera y no entendía la situación, así que corrió al servicio de información para preguntar.

-Perdona... Es que pone que el próximo vuelo hacia Madrid se ha retrasado y tengo prisa... ¿Sabes por qué ha sido?-

-Lo siento, no puedo decirle mucho. Sólo sabemos que hay complicaciones en ese destino.-

-¿Y por eso retrasan el mío? En fin...- Su enfado iba en aumento, pero no le impidió darle las gracias al personal del aeropuerto antes de marcharse, sintiéndose profundamente extrañado de todo aquello.

"Era raro. Quería salir de allí cuanto antes y llegar a Madrid. Me daba igual que pasase entre medias, incluso si el avión acabara estrellándose".

Al volver a su asiento y reanudar la lectura del libro, Stephan escuchó una voz que parecía dirigirse a él.

-Deberías tener más cuidado.-

Stephan, sorprendido, bajó su libro y empezó a buscar la procedencia de aquella misteriosa voz. Al girarse vio a Thoman, sentado y con las piernas cruzadas.

"Tenía sesenta años, aproximadamente, aunque no los aparentaba y tampoco los debía tener. Su pelo era blanco, igual que la barba. Ambos muy cuidados. Llevaba un traje marrón pálido. No me gustaba mucho como vestía porque era un señor mayor que, de no ser por el traje y su barba tan pronunciada alguien diría que tenía treinta y pocos. Debido a eso, irradiaba un aire de superioridad y de respeto que a poca gente le he visto. Supongo que era un truco".

-Ya lo sé. No sé qué me pasa...- Stephan agachó la cabeza en gesto de vergüenza e hizo una especie de reverencia accidental.

-Se nota que lo estás pasando mal...- Stephan le miraba de reojo mientras erguía su cabeza de nuevo.

-¿Sabes eso que dicen de que el tiempo todo lo cura? Pues dejarse llevar solamente no vale, hay que poner algo de nuestra parte.- El anciano caminó hasta sentarse junto a Stephan, apoyando su mano en el hombro del chico.-En caso contrario, la marea te llevará y no sabrás dónde irás a parar.-

"No pronuncié palabra, pero mi cara tuvo que ser un poema. Creo que estrujé el libro de tanto apretarlo. Thoman se quedó mirándolo un instante".

-Vas a Madrid, ¿no?-

-¿Eh? Sí, sí...-Stephan no sabía qué decir ni dónde meterse.

-Si no es indiscreción... ¿Por qué Madrid?-

"Me miraba fijamente como si quisiera que le devolviera la mirada para aguantarle un pulso. Toda esa situación me sacaba de mis casillas. Era muy surrealista".

-Motivos familiares.- Stephan trató inútilmente de esbozar la mentira, pero Thoman la pilló ipso facto.

-¡Oh! Vaya... Espero que no sea nada grave...-

"Desconozco si el anciano sabía algo más que yo mismo, pero tenía un aire tan extraño que no me dejaba pensar en condiciones".

-¿Y usted?- Le preguntó un veloz Stephan para cambiar el rumbo de la conversación.

-¡Llámame Thoman, muchacho!-

-Stephan... Me llamo Stephan.-

-Mucho gusto, Stephan.-

"Thoman se quedó en silencio un rato que se hizo eterno. Hasta que un gesto de mi mirada bastó para que contestase a mi pregunta".

-¡Sí, claro! Perdona, jeje... Yo voy a Madrid también.-

-¿Vuelve a casa o... ?-

-No, no... Para nada. Voy a reencontrarme con un viejo amigo. Aunque a decir verdad, hace muy poco que me encontré con él, pero todavía tenemos que ponernos al día. A mi edad nunca se sabe y está el tiempo muy loco.-

-Hombre, no digas esas cosas que luego se cumplen.-

-Y aunque no las digas, hijo... -

-Supongo que sí. Al final la realidad supera a la ficción.-

La charla se disipó en un extraño silencio que culminó con Stephan volviendo al libro. El interés de Thoman era espontáneo e intermitente y esperaba cualquier indicio para retomar el hilo de su ansiosa conversación.

-¿Sabes? Hay una historia de las que seguro salen en ese libro justo en Puerta del Sol, ¿sabes dónde está?-

-Sí, aunque nunca he estado en Madrid, pero sí que he visto algo.-

-El edificio principal, La Casa de Correos, que en su día no fue muy aclamada que digamos, pero bueno... El caso es que la leyenda dice que mientras se construía se les apareció el mismísimo Satanás a los obreros.-

"Me dije que esa historia es como las que cuentan las personas mayores. Leyendas que parecían salir de la nada pero que conseguían despertar el interés de uno. De esas en las que deseas saber más. El caso es que resultó tener bastante sentido lo que decía. Como si fuera una advertencia silenciosa, como si me conociera de algo y supiera cuáles iban a ser mis próximos pasos".

-Satanás les dijo que aquel sitio estaba maldito y que estaban construyendo en un mal lugar. La gente empezó a murmurar con miedo, ya sabes, y las cosas fuera de contexto eran como flechas envenenadas en bocas ajenas a esa construcción. Así que decidieron bendecir el sitio. Pero como siempre pasa, las palabras corren y cada cual cree en su propia realidad.-

-No creo mucho en esas cosas.- Dijo un Stephan curioso.

-Ya, bueno... Lo creas o no es interesante saber estas historias.- Thoman arrancó de las manos el libro a Stephan y comenzó a murmurar.-Convivimos diariamente con mitos y leyendas que años atrás se creían sobrenaturales. A pesar de todo, el ser humano sigue creyendo falsamente que tiene el control y saber absolutos.-

"Saber ciertas cosas cambian la perspectiva y significado de las palabras. No quiero pensar que Thoman hablaba con segundas, pero mi mente en esos casos no sabe reaccionar, así que pensar más de la cuenta en ello puede acabar siendo peor".

De repente, una voz aulló por la megafonía del aeropuerto.

-Sentimos comunicarles que el próximo vuelo con destino Madrid, será el último hasta nuevo aviso por causas meteorológicas. Lamentamos las molestias que esto les pueda ocasionar.-

Stephan comenzó a sentirse más intranquilo de lo que ya estaba.

-¿Te preocupa algo, muchacho?- Preguntó un atento Thoman.

-No... Es sólo que me gustaría llegar cuanto antes...-

-Bueno... Ya has oído que no habrá buen temporal cuando lleguemos.-

-No me preocupa eso, en realidad.-

-¡Oh! Mira, parece que ya podemos embarcar.-

"No sé qué estaba pensando. Creí que le iba a contar lo que estaba sucediendo pero fue como si el destino me advirtiera que no lo hiciese".

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.

© 2024 Cam. 556: Madrid.