jueves, 2 de enero de 2025

El árbol

                           Tu pelo frondoso como la copa de un árbol.

                          Tus ojos verdes como el césped, que se vuelven

                        ámbar cuando el sol se refleja en ellos. Eres fuerte

                         como el tronco de un árbol y difícilmente pueden

                           derribarte. Eres amigable, todos quieren de tu

                                              cobijo y de tu sombra.

                                              Pero eres tan buena

                                              que dejas que te talen,

                                              dañándote, aún sabiendo

                                             que ya no volverás a crecer

                                                  de la misma forma.

Escrito por: Lucía S.T.


© 2024 El árbol.

viernes, 20 de diciembre de 2024

CAM. 556: MADRID (VI)

 Capítulo 6

Aquella noche, Stephan soñó con la casa que salvó del fuego. Todo estaba en ruinas. Pareciera que habían pasado muchos años desde entonces. La casa estaba iluminada y grandes sombras dominaban el lugar, hondeando como lo hacen las llamas, pero no había rastro de fuego ni de humo por ninguna parte. Un encendedor zippo marcaba el tic tac de los segundos, que poco a poco fue acelerando. Unas risas acompañaban los pulsos como una melodía, los cuales se iban disipando a medida que las risas dejaban paso a una sola voz: La de una niña.

Un sonido entrecortado entre carcajada y llanto mantenía atento a Stephan, que no podía más que observar las ruinas del lugar. Fue entonces, cuando aquel tic tac dejó de sonar y el zippo cayó al suelo. El sueño se convirtió en pura luz y, al despertar, Stephan no entendía nada de lo que estaba pasando. "Recuerdo lo que pasó el día anterior y lo del sueño, pero creo que no entendí nada, por lo menos en ese momento".

El día comenzaba fuerte y aún quedaban cámaras que revisar. En su libreta se mantenían apuntadas las anotaciones del día anterior, en las que se incluían las fechas y los fallos de imagen de cada cámara registrada. Asignó un número concreto a cada una, que representaba el tiempo que se mantenían apagadas y, una vez localizadas en un mapa, continuaba el análisis. En ellas seguían apareciendo horrores dignos de una novela de terror o de suspense.

En ese punto se podía decir que nada aseguraba que todo aquello estuviera sucediendo. Las cosas no tenían sentido. Stephan no quería demonizar la situación con banalidades, no deseaba enloquecer, pero la situación lo superaba. Cuando le miré a los ojos pude contemplar miedo e inseguridad, no por lo que me contaba que había visto, sino porque le tomase por un loco.

Stephan continuó su inspección. Llegó a una calle del centro de Madrid muy antigua, estrecha, sin apenas iluminación y sin vestigios de vida. La mayoría de los sitios de las cámaras comenzaban así, por lo que ya le pareció normal. Hasta que comenzó a haber actividad de nuevo.

Una familia caminaba: Un padre, una madre y una niña pequeña. Era época invernal, así que aparecieron bastante abrigados y con un rostro de felicidad encajado en el semblante tras regresar de las compras navideñas. Stephan me recalcó que parecían muy felices y que ese bienestar se desvanecería tarde o temprano, como había sucedido en grabaciones anteriores.

"No sé si era envidia o empatía, pero disfrutaba viéndoles y a la vez quería que les pasase algo malo que les borrara esas sonrisas".

Por supuesto, el presagio ocurrió. Al poco rato, apareció una furgoneta negra que parecía blindada. No llevaba matrícula. Habían pasado un par de coches antes, pero en cambio éste se paró justo enfrente de la cámara. De ella salieron tres individuos encapuchados que se dirigieron a toda prisa hacia la familia. El padre y la madre fueron secuestrados y aquellos hombres no dejaron rastro de su fechoría ni de su identidad, dejando a aquella niña sola e indefensa en medio de la calle. Ella comenzó a correr detrás de la veloz furgoneta que se marchaba a toda prisa, intentando alcanzarla sin éxito.

A Stephan le partió el alma.

"Me alejé lo suficiente del ordenador para no ver qué era lo que pasaba después, pero cuando volví a mirar la niña seguía allí. Tenía miedo. Nada tenía sentido... ".

Stephan sentía que tenía que intervenir. La niña permanecía sentada junto a una pared en un lateral de la calle. La noche se aproximaba y la temperatura descendía rápidamente. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue llamar a una comisaría cercana y explicarlo todo, pero eso no sucedió.

-Comisaría de policía de Madrid. Buenas tardes, ¿En qué puedo ayudarle?-. Nada más oír la voz del agente, Stephan colgó. No podía exponerse a que le rastrearan sin saber si lo que hacía era ilegal o si le vincularían con alguna de las atrocidades que había estado observando. Aún con todo, tenía que hacer algo... Y así lo hizo. Stephan decidió llamar a su compañero.

-Oye, ¿te acuerdas que te dije que quería viajar? Pues lo voy a hacer, así que lo mismo no me ves el pelo en un tiempo. Cúbreme, que lo mismo se me acaban las vacaciones antes.-

-¡Guay! No te preocupes... Si ya sabes que el jefe apenas viene por aquí, así que no creo que se de cuenta. ¡Disfruta que te lo mereces, coño!-

-Gracias, tío... De verdad. No sé qué haría sin ti.- Dijo un emocionado Stephan.

-¡Para eso estamos! Animarte para que hagas lo que deseas, jajaja-.

Nada más terminar la conversación, Stephan cogió el primer vuelo directo a Madrid. Esta vez estaría presente en todo. En su libreta tenía los recursos para resolver cualquier problema que estuviera ocurriendo. Tenía que salir de ese mundo, aquel que nunca le dio las gracias por estar ahí. No necesitaba respuestas pero sí un cambio... Y marchó en busca de uno.

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.

© 2024 Cam. 556: Madrid.

martes, 3 de diciembre de 2024

Retazos de odio y desamor

Lo que me rompió el corazón fue saber que ya no volveríamos a ser el lugar seguro del otro.

Ese hogar que construimos ahora es una casa en llamas donde sólo queda el rencor y el desamor.

No es lo mismo el odio que el rencor. El odio es temporal, como el tiempo que tardé en enamorarme de tu alma. 

En cambio, el segundo es duradero, como el amor que sentimos pero que finalmente acabó en desilusión.


Escrito por: Lucía S.T.

© 2024 Retazos de odio y desamor.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

CAM. 556: MADRID (V)

 Capítulo 5

Stephan se mantuvo despierto delante de las pantallas del ordenador observando cada segundo de grabación. Ninguna de ellas tenía nada que ofrecer. La mayoría carecían de actividad, no se encontraba a gente, ni animales. Nada... O por lo menos eso parecía.

Las grabaciones superaban las veinte horas cada una, por lo que analizarlas era una tarea muy complicada. Todas finalizaban en horarios distintos y, después de pasar un tiempo determinado, se reiniciaban desde cero repitiendo las mismas imágenes una y otra vez.

El siguiente vídeo era un lugar oscuro. Un callejón. No se reconocía bien dónde se ubicaba. Dos personas sentadas en unas mantas colocadas sobre el suelo. Un montón de bolsas con diferentes objetos los acompañaban. Eran las primeras personas que aparecían. Stephan entendió que eran vagabundos. Comenzó a apuntar todo en su libreta: "Cuentan con barba desde hace tiempo... No disponen de mucha ropa aparte de la que llevan puesta... No se han movido la mayoría del tiempo."

De repente, uno de los hombres se levantó del sitio y se dirigió directamente hacia el otro. Dicha persona estaba tratando de hablar con su compañero, pero éste no le respondió ni se movió. El vagabundo le empezó a dar empujones leves para que reaccionase, pero siguió sin dar vestigios de vida. Se levantó y se dirigió a una mochila que tenía al lado, donde antes yacía tumbado.

Stephan vio otra vez aquellos errores gráficos que distorsionaban la imagen, donde ésta se volvía confusa e impedía distinguir al hombre de la mochila, cuyo rostro parecía carecer de emociones. La imagen se rompió por completo y se dividió en dos partes, con interferencias y píxeles de colores por doquier. Entonces, el hombre sacó una especie de machete de la mochila y se dirigió de nuevo a su compañero, que permanecía totalmente quieto. La imagen se deformaba más conforme los segundos avanzaban. Unos minutos después, el hombre del machete estaba cocinando algo en una hoguera y su compañero había desaparecido. Sólo se podían apreciar partes mutiladas de su cuerpo cerca de las llamas.

Stephan no se movía un pelo mientras me contaba esto. Con una mano sujetaba su cabeza, sin apenas reaccionar. Parecía tener asumido lo que había visto, pero tampoco tenía claro qué era lo que había sucedido.

La siguiente cámara mostraba un bosque oscuro con unas mesas de picnic delante de éste. Eran lo único que decoraba el lugar más allá de la propia naturaleza. Era tarde. Debían ser las siete o las ocho. El lugar era hermoso con luz y se apreciaba la vida por todas partes, pero de noche el ambiente era oscuro y sombrío.

Un hombre entró en escena, cabizbajo, con una mochila al hombro. Se sentó en una de las mesas y empezó a comer de un tapper que traía consigo. Cuando terminó dejó todo encima de la mesa. Sin decir nada ni levantar cabeza extrajo una cuerda de la mochila... El resto de la historia se podía intuir... No acababa bien.

-Inútil, morirás día tras día y tu pena no desaparecerá.- Expresó un angustiado Stephan. En este punto, parecía completamente insensibilizado. Su mirada reflejaba curiosidad y análisis.

Nueva cámara. Centro de Madrid. Una chica frente a un restaurante de comida rápida con ropa de fiesta y fumando, esperaba a sus amigos que estaban dentro pidiendo. Un grupo de hombres vio a la chica y empezaron a reírse de ella y a hablar por lo bajo. La chica se percató de la situación y decidió entrar dentro del restaurante, pero justo cuando abría la puerta uno de los hombres le cortó el paso. El grupo empezó a intimidarla y a tocarla por todas partes. La chica parecía cada vez más nerviosa, incapaz de poder reaccionar a tan abrumadora situación. Uno de ellos le tocó el trasero y ella lo abofeteó. El individuo le devolvió un empujón y el que parecía el líder de la manada, levantó su mano en gesto de agresión para intimidarla aún más. La chica comenzó a gritar, intentando zafarse del ataque. Los amigos de ella salieron corriendo en su ayuda y se produjo una fuerte pelea en el exterior.

Stephan me comentó que al llegar a ese punto ya no le quedaba interés y que estaba demasiado cansado para continuar. Tomó un aperitivo para intentar terminar al menos esa cámara.

Cuando volvió a mirar, la policía había llegado al restaurante y más gente se había unido al conflicto. Una ambulancia también se apreciaba. Al rato, la trifulca se resolvió.

Stephan comió durante todo ese tiempo, observando y apuntando en su libreta las cosas horribles que observaba y que le podían ser útiles en su investigación.

"Pensé que ya tenía suficiente, así que fui a dormir. Por fin, había podido ver algo de acción, pero esperaba algo más. No lo sé. Algo distinto..."

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.

© 2024 Cam. 556: Madrid.

martes, 5 de noviembre de 2024

Frena. Fluye. Vive.

Para mi yo:

Frena. Fluye. Vive.

Deja de pensar en el futuro. Vive el presente y besa las heridas del pasado hasta que dejen de doler.

Quiérete. Dedica tiempo a lo que te gusta, a lo que antes te emocionaba y que, por alguna razón, dejaste de hacer.

Ríete, pero también llora, porque eso es la vida.

Deja la mente en blanco. Abandona tus pensamientos. Conecta con tu alma.

Aprende a decir que no, primero vas tú. Luego los demás. No te sientas culpable, priorízate.

Escrito por: Lucía S.T.

© 2024 Frena. Fluye. Vive.

martes, 22 de octubre de 2024

CAM. 556: MADRID (IV)

Capítulo 4

Aquellos lugares sacaban a Stephan de la realidad. Justo esa noche tuvo uno de esos sueños que, según decía, empezaban a ser recurrentes: Una calle vacía, más bien un callejón, sin apenas iluminación. Sólo la Luna que se podía observar grandiosa en aquel cielo descubierto de Madrid. Las sombras no tenían final y cualquier ruido resaltaba, chocando con las paredes con las que se topaban. Las piedras que construían el camino estaban desgastadas, los establecimientos y casas aledañas parecían llevar tiempo abandonados. Un lugar que recordaba al siglo XVIII o XIX, en sus construcciones. Stephan comenzó a andar por el lugar sin pensárselo dos veces. No había nada que le hiciese pensar que corría peligro. No dejaba de llamarle para que se adentrase en él, a la vez que aquel ambiente lo instaba a salir corriendo.

La oscuridad crecía. Los edificios iban arrinconando cada vez más a Stephan. Oía ruidos, trote de caballos, cajas cayendo al suelo, rompiéndose... El lugar comenzaba a respirar por sí mismo. Delante de él, se presentaban destellos de luz que le sorprendían a cada paso, pero que apenas duraban una milésima de segundo. Los establecimientos parecían abiertos, pero al tiempo abandonados, con alimentos podridos que manchaban el camino. Todo el mundo parecía haber huido de allí. La calle apenas tenía unos treinta metros de largo, pero a medida que caminaba, esa longitud no disminuía. No miraba atrás, no tenía motivos... Sólo se dejaba llevar sin pensar en el por qué o el cómo. Sus ojos se centraron en lo que parecía ser el final de la calle. Los destellos de luz lo rodeaban. Su visión periférica estaba nublada, sólo podía ver que la oscuridad tomaba protagonismo.

Como un fallo en su cabeza, empezaba a ver errores gráficos, como si fuera una televisión antigua, como una gama cromática primaria, a la vez que toda imagen se veía distorsionada y no llegaba a distinguir ya qué era qué. Una silueta lo opacó todo y entonces el sueño terminó.

En cierto modo, no parecía tener importancia para él. Es más, su comentario fue tan detallado que llegué a dudar que fuera un sueño, sino una alucinación o similar. Al terminar de relatar esto sacó una foto de su cartera y me la enseñó: Una familia compuesta por un padre, una madre, una niña pequeña y su hermano mayor.

Stephan me dijo: "Apareció al lado de mi cama y no recuerdo si fui yo que me quedé dormido con ella o qué pasó, pero creo que era una señal, así que lo tomé como una declaración de intenciones". Una para ponerse en marcha e investigar aquellas misteriosas cámaras. Aquella "señal" fue lo que le conminó a hacerlo. Lo preparó todo. Un buen planteamiento era necesario y el cómo hacerlo, aún más.

Aquella mañana se levantó de la cama con atrevimiento e ilusión, sentimientos que hacía tiempo lo habían abandonado. Preparó su habitual café, apuntó en una de sus libretas cada cámara que sería necesaria revisar, compró un mapa de Madrid de tipo A1 y lo colgó en la pared del salón, delante del ordenador. Imprimió fotos de cada lugar, clavando chinchetas en las posiciones de las cámaras, encajando las piezas de ese rompecabezas imposible.

"Aquello fue como estar en una película de suspense, tenía que saber organizar la información y plantear el escenario. Fue un momento de subidón, no sé cómo describirlo, pero mi cuerpo me pedía hacerlo y me sentí bien mientras lo llevaba a cabo. Recuerdo que me quedé mirándolo durante un rato mientras me terminaba el café. Intenté encontrar algo útil en aquel mapa, pero no conseguía nada. Creo que mi ego habló por mí y me dije que había quedado chulo y poco más. Fue un golpe de realidad pero estaba satisfecho, así que no le di importancia y seguí buscando pistas. Tenía que haber un nexo que relacionase los lugares y las catorce cámaras distribuidas por todo Madrid, situadas en sitios claves de la ciudad o con arte de algún tipo. Me puse con los vídeos pregrabados".

El metraje de las grabaciones transcurría. Stephan observaba los detalles, pero era tanta la duración de los mismos que apenas conseguía mantenerse despierto. Nada de importancia: Un parque junto a un bosque, abandonado. Una estatua por la que transitaban personas de todo tipo, calles vacías del centro de la ciudad, etc. Stephan no encontraba nada y pensó que había fallado, que todo aquello era producto de su mente. Estaba cansado y al estar tanto tiempo delante de la pantalla la desilusión comenzó a aflorar. Pero todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Literalmente.

"Creo que la cámara número doce, si mal no recuerdo... Era la del Museo Del Prado. Bien... Pues estaba enfocada directamente a un cuadro, quiero decir, no era el único al que enfocaba, pero era el que más llamaba la atención. Todo lo demás parecía borroso. Estaba revisando esa cámara porque recuerdo que ese cuadro me gustó. Actué por instinto y lo miré. Era un cuadro sobre un hombre y un niño. Algo oscuro: El hombre estaba comiéndose al niño... Me quedé dormido encima de la mesa y al despertar vi ese cuadro, pero era muy real. Quiero decir, que el hombre se estaba comiendo al niño de verdad. Me asusté y cerré todas las pantallas de golpe. Perdí gran parte del trabajo de esa noche, pero me hizo irme a la cama a descansar, que lo necesitaba... Tenía que terminar con eso y me quedaba mucho por revisar".

Pero Stephan no podía dormir. Al cerrar los ojos no cesaba la imaginación. La naturaleza de aquellos lugares observados. Así que, como un adicto, volvió a ponerse manos a la obra. Quiero matizar que Stephan mantuvo la calma y no se echó atrás en ningún momento. Afrontó ese cansancio emocional de la forma que consideró adecuada, pese a no resultar nada fácil.

Escrito por: Daniel Álvaro Nogales.

© 2024 Cam. 556: Madrid.

martes, 23 de julio de 2024

Consciencia

Tengo a mis demonios escondidos,

Acechando en cada preciso momento.

Están buscando por dónde salir pero yo no les dejo.

Cada vez es más difícil, puesto que cada momento que pasa son más incontrolables.


Una sombra intransferible e invisible que no me deja en paz.

Un pensamiento que los alimenta y una mente incapaz de dejar de pensar.

Algún día será, pienso, mientras ellos se ríen.


Entretanto, cada día que pasa son más inestables y más difíciles de controlar.

Puesto que son demonios y no se pueden ver, se hacen reflejar a través de mí y así nublar mi consciencia creando a una persona que no soy yo.


Escrito por: África López.


© 2024 Consciencia.